El Museo de Reus ha culminado, durante el año 2025, la reforma integral de su sede central, ubicada en la plaza de la Libertad. Este equipamiento cultural sufría un proceso de degradación progresiva que, a lo largo de las dos primeras décadas de este siglo XXI, había comprometido sus funciones esenciales, así como la custodia de unas colecciones patrimoniales de primer nivel. Ante este reto ineludible, en el año 2020 se redactó un anteproyecto que permitía trazar un calendario riguroso a partir del cual se pudiera abordar un plan estratégico y de financiación para la modernización total de las instalaciones.
El resultado final debía ser un espacio mucho más accesible, funcional y abierto a toda la ciudadanía, dotado de una museografía renovada que invitara al visitante a redescubrir el alma genuina de la ciudad. Siguiendo las directrices de su Plan Museológico, el museo ha sido diseñado para ofrecer un relato unitario y coherente sobre la evolución de Reus como un poderoso motor económico, cuna de grandes artistas y capital cultural de referencia. Pero antes de explicar y describir en detalle esta transformación contemporánea, es necesario proyectar una mirada retrospectiva para saber de dónde venimos y comprender mejor nuestra identidad.
1. Un poco de historiaAunque la necesidad de fundar un museo público en Reus se reivindicó con insistencia a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX, no fue hasta 1933 cuando se impulsó definitivamente el primer museo municipal. Se inauguró el 14 de abril de 1934. Esta institución museística se orientó hacia una narrativa generalista, básicamente de historia local. La ingente labor realizada por el comisario del nuevo museo, Pere Rius i Gatell, se dirigió a la búsqueda y captación de diversos materiales de interés local y comarcal que se encontraban dispersos, tomando como base los que ya formaban parte del patrimonio de la ciudad.
Este embrión fundador ya contaba con una cantidad suficientemente significativa de piezas relacionadas o vinculadas con la historia de la ciudad y a sus personajes más destacados: artistas, militares, políticos, religiosos, etcétera. Las perspectivas de futuro ya pasaban, entonces, por ampliar gradualmente las colecciones comisionando nuevas contribuciones que mejoraran los fondos dedicados, por ejemplo, a la figura del general Joan Prim, al pintor Marià Fortuny o al arquitecto Antoni Gaudí, sin dejar de recuperar para la ciudad piezas más o menos representativas o emblemáticas de la historia de Reus.
Sin embargo, al terminar el 1935, el Museo Municipal Prim-Rull ya estaba prácticamente saturado debido al volumen de las adquisiciones. La situación se modificó radicalmente como consecuencia de la Guerra Civil. Entre mediados de 1936 y 1938, al nuevo Museo de Reus —sede de la delegación local y regional del Servicio de Patrimonio Artístico de la Generalitat— se incorporó un número muy considerable —en cantidad y calidad— de pinturas, esculturas, retablos y otros objetos artísticos, arqueológicos e históricos procedentes de los templos afectados y de entidades y colecciones particulares de Reus y de las comarcas de alrededor. La capacidad limitada de Cal Rull se superó rápidamente y fue necesario buscar el albergue de la finca de Cal Gai, mucho más grande, en la actual avenida del Prat de la Riba, con la intención de establecer allí un gran museo comarcal.
Sin embargo, la derrota republicana significó, entre otras cosas, la devolución de la mayoría de las piezas ingresadas en el museo, por depósito o expropiación, durante la guerra. Muchas de estas piezas —antes de su devolución a los antiguos propietarios o poseedores— se exhibieron a finales de 1939 de manera conjunta en la antigua Escuela del Trabajo. El museo tuvo que reabrir, a mediados de 1940, con los materiales que quedaban de los fondos anteriores a julio de 1936 que habían sobrevivido a los bombardeos fascistas (1938), así como los objetos no reclamados durante 1939 y 1940 y una serie de piezas transferidas desde el Centro de Lectura, procedentes —sobre todo— de la antigua Agrupación Excursionista de Reus.
Como era previsible, con el paso de los años Cal Rull volvió a quedarse pequeña y se hizo evidente la necesidad de ampliar las instalaciones o de trasladar las colecciones a un nuevo local. La oportunidad llegó, a partir de 1955, como resultado del proyecto de construcción de un gran edificio en la actual plaza de la Libertad por parte de la Caja de Pensiones, un proyecto que se concretó unos años más tarde con la inauguración, el 15 de septiembre de 1961, de las nuevas instalaciones de la planta baja del inmueble. El nuevo museo (solo la institución, no el edificio) fue declarado unos meses después, en marzo de 1962, “monumento histórico-artístico”.
Teniendo en cuenta el nuevo espacio, Salvador Vilaseca organizó un museo según criterios museográficos muy sencillos: explicar de forma cronológica y acumulativa la historia y las características sociales, económicas e industriales más singulares de la ciudad, incluida la producción cerámica, y complementarlo con la exposición de las mejores piezas disponibles de la colección de arte medieval y moderno y de los pintores y escultores más destacados entre los nacidos en Reus.
El interés de Vilaseca por los instrumentos agrícolas y por los de los oficios preindustriales —siguiendo la labor de investigación iniciada por Ramon Violant i Simorra— y una serie de donaciones bien gestionadas se concretaron en la acumulación de un fondo etnográfico muy importante, que también disfrutó de un espacio expositivo considerable. No hace falta decir que su colección prehistórica, que había seguido aumentando, continuó aún ajena al museo. Se trataba, por tanto, de un equipamiento casi cerrado, con una exposición permanente que podía durar muchos años y que, de hecho, durante un cuarto de siglo permaneció prácticamente igual que el día de su inauguración.
La muerte de Salvador Vilaseca, en abril de 1975, inició una etapa que podemos considerar paralela a la situación política del país. Una primera fase, al principio prácticamente continuista, se desarrolló bajo la dirección de la doctora Lluïsa Vilaseca, hija y eficaz colaboradora del primer director de la institución. No fue hasta la década de los ochenta que el museo comenzó a renovarse. El punto de partida fue, precisamente, la cesión de la colección de arqueología del doctor Vilaseca, con la que se constituyó el Museo de Arqueología Salvador Vilaseca, inaugurado en 1984.
En 1987 se iniciaron los primeros cambios en el espacio de la Libertad. Consistieron, básicamente, en desmantelar el antiguo montaje y almacenar en las salas de reserva la mayoría de las piezas. El estado de las instalaciones aconsejaba tomar una medida tan drástica. Desde finales de los años ochenta, son varios los proyectos museológicos con los que se ha intentado dar una solución definitiva a las necesidades del espacio. A pesar de algunas intervenciones parciales en las salas de exposiciones que habían permitido mostrar la parte más importante de la colección de arte, hasta ahora no había sido posible reformar el museo en profundidad y, al mismo tiempo, actualizar su relato de manera integral.
2. De dónde partimosActualmente, el Museo de Reus es un conjunto museístico que reúne el Museo de Arqueología Salvador Vilaseca (ubicado en el arrabal de Santa Anna), el Museo de la Libertad, el Centro de la Imagen Mas Iglesias —destinado a la conservación del patrimonio fotográfico y de imágenes en movimiento— y dos equipamientos de interés histórico: la Bòbila del Sugranyes y el refugio antiaéreo de la Patacada.
El Museo de Reus custodia un importantísimo fondo patrimonial, que tiene como referente geográfico a la ciudad y su comarca natural. Este legado se divide básicamente en tres ámbitos temáticos: arqueología, etnología e historia, y arte. Sus colecciones, de una gran riqueza, permiten explicar la vida económica y social de Reus del pasado, especialmente en lo que respecta a los siglos XVIII y XIX. Asimismo, en el ámbito artístico, la calidad de los fondos es muy notable; la mayoría de las piezas hacen referencia a Reus o han sido realizadas por artistas vinculados a la ciudad, y alcanzan desde el siglo XIV hasta la actualidad.
Los contenidos expositivos del edificio de la plaza de la Libertad han ido cambiando a lo largo de los años. Hasta ahora, se presentaban historias sobre la historia local y la producción artística del territorio, aunque una parte se dedicaba también al patrimonio festivo. Allí se mostraban las colecciones de arte, de etnografía y de historia.
Justo antes de la remodelación actual, el equipamiento acogía varias exposiciones estables, como Ahora toca fiesta, sobre el patrimonio festivo reusense, y El elixir dorado, sobre la producción de aceite. También se podían visitar las muestras Reus y sus artistas (1850-1939), La colección de tablas góticas del legado de Antoni Pedrol Rius y El retablo de la Prioral, así como la exposición temporal de larga duración Cosas de Reus, un viaje del pueblo a la ciudad.
3. El proyectoEl nuevo proyecto museográfico, redactado por la empresa Stoa, más allá de reforma integral que requería el equipamiento, ha planteado la actualización de todos los espacios expositivos de la sede de la plaza de la Libertad del Museo de Reus para dotarlos de un discurso unitario. En el contexto de la reforma integral del inmueble, esta se ha planificado con el objetivo de ofrecer un equipamiento museístico más atractivo para los visitantes y más integrado en la ciudad, con un acceso y un entorno más amables y accesibles, y aumentando los servicios actuales. La nueva museografía tiene como objetivo explicar de forma práctica y didáctica la historia y la evolución de la expresión artística en la ciudad de Reus y su territorio durante los siglos XVIII, XIX y XX, a partir de los materiales que forman parte de las colecciones conservadas en la institución. Esta intervención está cofinanciada con una subvención nominativa al Ayuntamiento de Reus del Ministerio de Cultura y Deporte, a través de la Dirección General de Patrimonio Cultural y Bellas Artes y la Subdirección General de Museos Estatales.
La reforma propuesta dota de coherencia el discurso museográfico del equipamiento y, sobre todo, pone en valor las colecciones basándose en un nuevo relato. Se presenta a los usuarios una propuesta expositiva didáctica y formativa que explica básicamente cómo los habitantes de Reus y su territorio de influencia vivieron la transición hacia la edad contemporánea y su evolución en los siglos XVIII, XIX y primer tercio del XX; es decir, el paso del Antiguo Régimen a una sociedad industrial. Se ha planteado una exposición basada en los objetos y las obras de arte del fondo del museo, aunque se aplica un montaje que incorpora los lenguajes comunicativos y las tecnologías audiovisuales, de modo que el pasado histórico se pueda contar a un público actual.
El nuevo recorrido expositivo muestra qué aspectos, episodios o ámbitos (económicos, sociales, culturales, políticos y artísticos) han sido clave a lo largo de la evolución de Reus entre los siglos XVIII y XX. La exposición tiene varios niveles de lectura, aunque se basa en dos: un primer nivel, que podemos denominar diacrónico, que ofrece una visión general y cronológica de la evolución de la ciudad en este período; y un segundo nivel, que denominaremos sincrónico, donde se profundiza en los aspectos y episodios clave de la singularización de la ciudad y con los que ha ido construyendo su carácter.
El espacio donde se ha intervenido, además de la recepción y el vestíbulo, comprende cinco salas en la planta baja y dos más en la primera planta. A estas últimas salas, se ha añadido la escalera de acceso como espacio expositivo. El vestíbulo da acceso a la habitación número 2, que se titula “La capital del sur”. Esta sala está dedicada a la historia de Reus y se centra en un recorrido por los siglos XVIII, XIX y el primer tercio del siglo XX a través de sus hechos políticos, económicos y sociales para comprender al Reus del pasado y al del presente. Alrededor de esta sala central pivotan tres salas más, que han condicionado, por diversas razones, el recorrido y la distribución del relato.
Desde el vestíbulo también puede acceder a la sala de la “Fiesta y celebración”. El rico patrimonio festivo que conserva el museo obligaba a mantenerlo expuesto. La fiesta es —y lo ha sido a lo largo del tiempo— mucho más que una simple celebración; ha sido la expresión más viva de una comunidad y la reafirmación del poder y el papel que ocupa cada uno de sus individuos: desde la autoridad política hasta la religiosa, pasando por los gremios y las cofradías como forma de organización social, especialmente hasta la caída del Antiguo Régimen. Con el estudio de la fiesta nos acercamos a la organización social y laboral de la sociedad preindustrial.
Pasada la sala central, llegamos a la sala de los “Retablos”. Este es un espacio más reflexivo, donde el volumen de información que recibe el visitante se ha reducido de forma significativa y consciente, y se han recreado dos retablos. El primero, el “Retablo de lo sagrado”, está construido a partir de fragmentos de retablos antiguos del siglo XVIII destruidos o desmontados en los períodos más convulsos de nuestra historia reciente. Con él queremos acercarnos a una época en la que la religión marcaba el ritmo de la vida; el espacio, el tiempo e incluso el arte giraban en torno al culto. Esas obras, realizadas por artistas destacados, hablaban de la devoción, pero también de prestigio y de poder.
En contraposición, a modo de espejo, se ha construido otro retablo con herramientas del campo que habían utilizado nuestros agricultores. El “Retablo del campo” sitúa la mirada en la tierra y en el que la trabaja; habla del trabajo realizado con las manos y del esfuerzo de un gremio que hizo crecer a Reus y transformó su comarca.
La sala “Retablos”, pues, es un espacio de reflexión que actúa al mismo tiempo como distribuidor hacia dos salas más: «Campo y ciudad» y «Genio y creación». La primera nos habla de la relación simbiótica entre Reus y el Camp de Tarragona, y lo hace a partir de la fantástica colección de prensas de aceite y de vino del museo, con la gran prensa de viga como protagonista absoluta del montaje. Se trata de un homenaje a las manos diestras y a los esfuerzos de quienes han trabajado y trabajan la tierra. La segunda muestra que, como consecuencia directa de la bonanza de Reus en los siglos XVIII, XIX y XX, la ciudad —donde durante el siglo XIX circulaban ideas estéticas vinculadas a la modernidad— fue la cuna de artistas de reconocido prestigio. Antoni Gaudí, Roseta Mauri o Marià Fortuny son solo algunos de los nombres de una extensa lista de hombres y mujeres de Reus que destacaron en la literatura, la pintura, la danza, el teatro o la escultura, entre otros.
Desde la misma sala de los “Retablos” se puede acceder a la primera planta, en la que encontramos las dos últimas salas donde está expuesto el fondo de arte antiguo. El relato de ambas se cohesiona a partir de la explicación de cómo se crea la colección del museo. Por un lado, en “Patrimonio en peligro”, se hallan las obras que se incorporan al equipamiento gracias al trabajo de protección que la institución llevó a cabo durante los primeros meses de la Guerra Civil. Por otro lado, en “Salvaguarda y coleccionismo”, se destaca el papel que desempeñan los coleccionistas que aportan un patrimonio que estaba en manos privadas y que acaban cediendo a una institución pública. En este último caso, cabe destacar el legado por parte de Antoni Pedrol Rius de su colección de treinta tablas góticas; un gesto con el que quiso devolver a su ciudad lo que él mismo había podido preservar, como muestra de gratitud y como un profundo compromiso con la memoria y la cultura de Reus.
4. La museografíaEn el ámbito más estricto de la museografía, el diseño ha querido dar protagonismo a la propia colección del museo, teniendo en cuenta su riqueza en todos los ejes temáticos: la historia, la etnografía y el arte. Era necesario que los objetos fueran los verdaderos protagonistas y que el relato se deslizara entre ellos. En total, existen cerca de quinientas piezas que permiten explicar más de doscientos años de historia de Reus y su entorno.
En conjunto, se trata de cinco exposiciones que se cohesionan con un hilo conductor, pero que, al mismo tiempo, funcionan de modo independiente y se pueden ver por separada sin que ello afecte a su comprensión por parte del visitante.
El diseño del mobiliario expositivo y los diversos elementos derivados de él se han concebido para que sean versátiles y fácilmente adaptables a cada sala de exposiciones. El mobiliario tiene la voluntad de ser minimalista y esencial, de modo que su formalismo no interfiera en los diferentes discursos que se puedan dar en las salas, al mismo tiempo que el protagonismo visual lo tienen los objetos y las obras expuestos. También se ha tenido en cuenta la limpieza, el paso de instalaciones y el hecho de que sea practicable para permitir la restauración de objetos, su conservación o, incluso, su sustitución. Al mismo tiempo, se ha velado para que los recubrimientos cumplan con las medidas de conservación preventivas.
La iluminación, siguiendo fielmente los parámetros de conservación preventiva en museos, se organiza en tres niveles completamente diferentes. En el zócalo de vitrinas, pedestales y bancos se instalan tiras de tecnología LED que tienen una finalidad puramente decorativa, ya que únicamente subrayan el mobiliario museográfico mediante una luz indirecta que se proyecta hacia el suelo. En cuanto a la iluminación interior general de las vitrinas, se coloca una tira de LED equipada con su propio soporte independiente. El interior de estos mismos elementos cuenta, además, con focos específicos con la finalidad de realzar determinados objetos de la colección. Finalmente, la iluminación general de la sala y de las piezas expuestas en la pared se resuelve formalmente mediante rieles electrificados de alta versatilidad.
Otro de los aspectos más importantes de la propuesta ha sido el uso planificado de los recursos audiovisuales y digitales. Se han tenido en cuenta dos criterios conceptuales muy básicos: por un lado, que el dispositivo utilizado sirva realmente para mejorar y facilitar la comprensión del relato expositivo por parte del visitante y, por otro, la sostenibilidad, entendida como la durabilidad física del recurso y la facilidad de su mantenimiento técnico. Se entiende que la incorporación de recursos digitales y audiovisuales en el proyecto museográfico nunca debe implicar una pesada carga adicional en la gestión operativa a corto y a medio plazo.
La exposición, por lo tanto, incorpora elementos tecnológicos complejos, como proyecciones de alta definición, mesas interactivas, audiovisuales de personajes y configuraciones de videowalls que ayudan a complementar de manera efectiva el contenido narrativo que se muestra a través de gráficos. Estos recursos se distribuyen de manera totalmente equitativa y proporcionada a lo largo de toda la muestra. Así pues, durante el recorrido por el museo, el visitante contará con dispositivos digitales que permiten profundizar en los contenidos, dinamizar la experiencia general y, por lo que se refiere a los formatos interactivos, invitan directamente a la participación activa del público, especialmente de los sectores más jóvenes.
Por otro lado, el grafismo de la muestra pretende ser claro y comprensible, para identificar correctamente los diferentes ámbitos y contrastar de manera sutil con el entorno. Los colores evocan tonos que en su mayoría siguen la estética de la sala actual, con elementos específicos que destacan cromáticamente, pero con una preeminencia del blanco y el negro. Solo se ha optado por un color rompedor como el burdeos (o el rojo de Borgoña), con el que se ha pintado el espacio de la escalera para resaltar las tablas del retablo mayor de San Pedro que allí se exhiben. La idea es que la gráfica se instale directamente sobre los paneles con vinilo cortado o con vinilo impreso.
El gráfico de las cartelas también se montará sobre PVC blanco o negro (según la necesidad) para aligerarlas y poder pegarse directamente en la pared. Las gráficas y las cartelas se presentan limpias, con un fondo liso donde el texto y las imágenes destacan plenamente. La tipografía elegida es cómoda, elegante y clara para leer correctamente tanto los títulos como los subtítulos. Esta tipografía emana una atmósfera atemporal que refuerza la idea de neutralidad del montaje.
En resumen, la reforma llevada a cabo en el espacio de la Libertad del Museo de Reus ha permitido, en primer lugar, resolver la degradación que sufría el equipamiento y que ponía en riesgo su capacidad para responder a las obligaciones de conservación y difusión de sus colecciones. Por otro lado, se ha convertido en una oportunidad ideal para abordar en profundidad el relato de la historia de la ciudad, que se había definido previamente en el plan museístico de la institución. Al mismo tiempo, se ha puesto bajo los focos la relevancia de la colección de arte, que posee una personalidad propia muy definida. Por último, cabe destacar que con esta remodelación se ha recuperado una instalación patrimonial de primer orden para la ciudad; un hito muy reclamado por la ciudadanía, como se demuestra claramente con la excelente acogida recibida por el museo a partir de su reapertura el 30 de enero de 2026.
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