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Número 16, año 2026
Revista Catalana de Museologia

Treinta años de museología en Cataluña. La evolución de una profesión

Fecha publicación: 04/02/2026


Relato

Fecha publicación: 04/02/2026

Relato

Abstract

El aniversario de la AMC coincide con una etapa de madurez del sistema museístico catalán, en la que la reflexión crítica sobre el pasado y el presente se convierte en imprescindible para afrontar los retos del futuro. Este artículo propone un recorrido analítico sobre la evolución de la museología en Cataluña, destacando los avances logrados, las dificultades persistentes y las perspectivas de una profesión que se ha convertido en clave en la dinamización cultural del país.

1. Presentación

Durante las últimas tres décadas, la museología en Cataluña ha vivido una evolución significativa que ha transformado tanto la función de los museos como el perfil de sus profesionales. En este contexto, la conmemoración de los treinta años de la Asociación de Museólogos de Cataluña (AMC), fundada el 30 de junio de 1995, adquiere un valor simbólico e histórico. Su creación respondió a la necesidad de vertebrar un colectivo en crecimiento, comprometido con la defensa del patrimonio y la consolidación de la museología como disciplina profesional. Desde entonces, el sector ha evolucionado en paralelo a los cambios sociales, tecnológicos y legislativos, incorporando nuevos roles vinculados a la gestión, la educación patrimonial, la comunicación y la digitalización. El aniversario de la AMC coincide con una etapa de madurez del sistema museístico catalán, en la que la reflexión crítica sobre el pasado y el presente se convierte en imprescindible para afrontar los retos del futuro. Este artículo propone un recorrido analítico sobre la evolución de la museología en Cataluña, destacando los avances logrados, las dificultades persistentes y las perspectivas de una profesión que se ha convertido en clave en la dinamización cultural del país.

2. Punto de partida: la museología en Cataluña en los años noventa

¿Cómo eran los museos catalanes en el momento del nacimiento de la AMC? ¿Cómo era la profesión de museólogo en aquel momento? ¿Qué retos y carencias afrontaban las instituciones museísticas y los profesionales?

Con el fin de la dictadura, Cataluña vivió una notable expansión museística: existía la sensación de que todo estaba por hacer. Entre finales de los años setenta y los noventa, se crearon o reformaron numerosos museos, especialmente locales y comarcales. Esta dinámica la lideraron profesionales sin formación museológica reglada, pero con fuerte vocación e implicación comunitaria, que asumieron la tarea de recuperar, conservar y difundir el patrimonio local, inspirados por la nueva museología. Como afirma Rueda (2024), la museología catalana de los ochenta y noventa es heredera de una tradición de resistencia cultural y compromiso con la memoria colectiva, que encontró en los museos locales un espacio de libertad y expresión. Esa generación ha dejado una huella profunda en el sistema actual, que combina grandes instituciones con una red viva de museos de proximidad.

Los museos locales fueron, pues, los protagonistas de las políticas culturales de los primeros años de la Transición. La llegada de los ayuntamientos democráticos propició la creación de museos que evocaban la identidad local. A pesar de las limitaciones económicas, estas iniciativas dinamizaron el territorio y renovaron la práctica museológica. A finales de los ochenta, sin embargo, se produjo un cambio: la proliferación de museos había generado proyectos inviables y los museos fueron mejorando sus sistemas de gestión y también sus exposiciones. Los museos locales fueron especializándose y buscando nuevas formas que prestaran una mayor originalidad y modernidad a sus proyectos, al tiempo que una generación de museólogos ya formados en la universidad impulsaron museos territoriales inspirados en modelos internacionales como los ecomuseos o los centros de interpretación (Roigé, Arrieta y Abella, 2012; Roigé, 2015).

La situación profesional de los museólogos y las museólogas en aquel período está poco documentada, más allá del recuerdo de quienes trabajaban. Los pocos estudios que se realizaron dibujan un panorama poco alentador. Uno de los primeros fue el de la Comisión Técnica de Museos Locales y Comarcales de la Asociación de Trabajadores de Museos de Cataluña (1981) sobre los diecinueve museos de El Penedès (Alt Penedès, Baix Penedès y Garraf). Los autores lamentaban que los museos se dirigían “mucho más a los visitantes de paso, tanto nacionales como internacionales” y proponían ampliar el horario “hasta las nueve de la noche, si no cada día al menos los fines de semana, a fin de dar más posibilidades de visita al público local” (1981:60). También destacaban que “el público escolar no se encuentra especialmente tratado en ningún museo, y en cuanto a servicios de educación son totalmente inexistentes” (1981:60). El personal total era de unas 30-35 personas, pero solo tres eran técnicos de museo: el resto, bibliotecarias y personal no técnico. El informe señalaba que “los museos locales, de hecho, no necesitan personal técnico específico, pero tampoco cuentan con conserjes o vigilantes, funciones que son realizadas por los propios aficionados” (1981:63-64).

Pocos años después, el Libro Blanco de los Museos Catalanes (Departamento de Cultura, 1984) coincidía en señalar la baja profesionalización de los museos y la fuerte presencia del voluntariado sin formación especializada. El informe indicaba que existían ciento cincuenta museos en Cataluña, muchos de nueva creación o en renovación (1984:29), e indicaba que “del total de museos no llegan al 20% los que cuentan con personal técnico profesionalizado, y éste cuando existe proviene de campos diversos con el único denominador común que sus conocimientos museísticos son similares a los de los colaboradores voluntarios con la única diferencia de su situación laboral” (1984:29). Mucho más detallado fue el informe presentado en unas jornadas organizadas en 1994 en el Museo Marítimo de Barcelona (Espadalé et al., 2020), en el que cifraban en 740 personas las que trabajaban en museos, de las cuales solo el 40% tenían titulación superior o media. Los autores lamentaban que “la situación de los profesionales no es la óptima: existen pocos profesionales estables y existen muchos museos que carecen de personal o tienen muy poco” (Espadalé et al., 2020:21). Concluían que “los museos y el patrimonio cultural en general es un sector laboral poco consolidado, sin estructuración, y donde a menudo se piden unos perfiles de formación clásicos no adaptados a las nuevas tendencias de gestión y a las funciones encomendadas a los museos” (2020:23).

Un hecho clave a finales de los ochenta para la trayectoria de los museos fue la organización de jornadas y congresos, que marcaron puntos de encuentro de museólogos. En 1988 la Diputación de Barcelona —con la colaboración de los museos de L'Hospitalet, Gavà, Granollers y Mataró y el Ayuntamiento de Barcelona— organizaba las I Jornadas de Museos y Administración Local, que han tenido continuidad hasta ahora. En 1989 se organizaba en Arbúcies el Congreso Catalán de Museos Locales y Comarcales, con 113 participantes y con treinta comunicaciones presentadas, que fue un punto de encuentro muy importante para los profesionales de aquel momento. La publicación del Congreso, en la revista Aixa, recopila un buen número de experiencias que reivindicaban el papel de los museos locales y su profesionalización. En el listado de los asistentes se encuentra buena parte del plantel que marcaría la evolución de los museos locales en las décadas siguientes. Y en el mismo 1989, en Lleida se organizaban las I Jornadas sobre Patrimonio Etnológico en las Tierras de Poniente y el Alto Pirineo, promovidas por Llorenç Prats, y que llevó a la creación de la Asociación Catalana del Patrimonio Etnológico.

La década de los noventa marcó un cambio de tendencia muy significativo en la museología catalana, con una mejora significativa de la situación profesional. Cuatro factores fueron determinantes:

1.            Mejora de la organización institucional. La promulgación de la Ley 17/1990 estableció el marco legal para la gestión y el reconocimiento de los museos,  con la creación del Registro de Museos de Cataluña y la Junta de Museos como órgano de coordinación. El Registro permitió identificar y regular los museos que cumplían con los requisitos establecidos y a la vez la Ley reconoció la necesidad de contar con personal técnico cualificado, con formación específica en museología, museografía o disciplinas afines.

2.            Proliferación del número de museos e incremento de la demanda de los profesionales. La creación de nuevos centros, que respondía a dinámicas de recuperación patrimonial tanto locales como nacionales, implicó un incremento de profesionales, aunque esta multiplicación de museos planteó retos organizativos y financieros, ya que muchos funcionaban con recursos escasos, plantillas reducidas y una coordinación institucional limitada. A principios de los años noventa, todavía, el panorama museístico catalán era diverso, con un predominio de centros gestionados por personas con vocación, pero sin formación específica ni estabilidad laboral.

3.            Nacimiento de la formación profesional. Durante los años ochenta comenzaron a surgir iniciativas formativas, como los cursos impulsados por el Departamento de Cultura de la Generalidad de Catalunya, que ofrecían contenidos en museología, museografía y gestión patrimonial (Carrión, 2006), cursos que resultaron decisivos para la profesionalización. En la década siguiente aparecieron un buen número de programas universitarios, que contribuyeron a la adopción de nuevos modelos museísticos y de gestión.

4.            Un cambio conceptual, con la adopción del término museólogo/a —inspirándose en la nueva museología—, lo que implicaba la reivindicación de una figura profesional que no solo debía conservar el patrimonio, sino que tenía que ser un profesional polivalente para gestionarlo, comunicarlo y rentabilizarlo económica y socialmente (Barjau, Menéndez y Rueda, 2020).

El nacimiento de la AMC, pues, se inscribe en un momento clave de transformación del sistema museístico catalán, iniciado con la eclosión de museos locales durante la Transición y consolidado en la década de los noventa. Era el resultado, asimismo, de una generación joven de museólogos, que transformó profundamente la museología catalana y dejó una huella profunda que todavía hoy condiciona las políticas, la formación y la práctica museológica en Cataluña.

3. Treinta años de profesionalización

Treinta años después el número de profesionales dedicado a los museos ha crecido considerablemente, con vicisitudes marcadas por el incremento de los museos, las políticas institucionales, la evolución de la financiación de los museos y la influencia de los modelos internacionales. El balance de los cambios es sin duda satisfactorio, pero aun así algunas de las preocupaciones de los años noventa persisten, al tiempo que han ido surgiendo nuevas dificultades.

¿Cómo ha ido cambiando la situación profesional a lo largo de todos estos años? Podríamos decir que han existido tres grandes etapas: 1) de mediados de los noventa a la crisis del 2007, con una fuerte expansión de los museos y de los profesionales; 2) de la crisis del 2007 a la covid del 2020, con un fuerte decrecimiento de la actividad museística seguida de una lenta recuperación; y 3) de la crisis de la covid a la actualidad, un momento marcado por la reflexión sobre el futuro de los museos, los cambios sociales y el impacto de la digitalización y las nuevas tecnologías.

3.1         De los noventa a la crisis económica del 2007

En esta etapa, la evolución de la museología se caracterizó por un gran crecimiento del número de museos y de los profesionales y por cambios profundos en sus estructuras organizativas y funcionales. Durante estos años se produjo una auténtica "burbuja museística", un crecimiento que fue motivado por tres razones:

1.            La expansión de los museos locales. Los museos que ya habían nacido a partir de una fuerte base social y comunitaria pudieron desarrollarse, y también se llevaron a cabo nuevos proyectos. Aparte, muchas localidades crearon numerosos nuevos museos y centros de interpretación, en muchos casos sin una adecuada planificación ni cálculo de las posibilidades de mantenimiento, de supervivencia y de captación de públicos (Prats, 2007).

2.            El posicionamiento de Barcelona como destino turístico cultural, para lo que eran necesarios grandes equipamientos culturales para convertirse en un destino cultural (Roigé, 2016b). Aprovechando los Juegos Olímpicos de 1992, se llevó a cabo un ambicioso plan de creación de nuevos museos e instituciones culturales, y, aunque la mayoría de las iniciativas no llegaron a la cita olímpica, comenzaron a dar sus frutos en la segunda mitad de los noventa. Sin embargo, la gran proyección de la ciudad de Barcelona se consiguió con las imágenes del Modernismo y en especial de Gaudí, lo que reforzó estos equipamientos.

3.            La creación de un sistema nacional de museos que, a pesar de no haberse desplegado totalmente, comportó la creación de grandes equipamientos nacionales como el MNAC, el MAC o el MNACTEC, o museos como el de Historia de Cataluña o el MACBA. Las prioridades culturales, antes centradas en la financiación de los museos locales, se dirigieron a la creación de grandes instituciones museísticas, fundamentando una percepción de Cataluña como nación y de Barcelona como capital cultural (Roigé, 2016).

La apertura de nuevos museos y la reforma de un buen número de equipamientos requirieron nuevos profesionales, a menudo formados en los nuevos programas universitarios que se fueron consolidando. Paralelamente, la complejidad creciente de los proyectos museológicos y expositivos, la falta de personal de los museos y las razones administrativas propiciaron la creación de numerosas empresas especializadas, que ofrecían servicios de museografía, diseño expositivo, comunicación, servicios didácticos, conservación preventiva, digitalización y gestión cultural. Cataluña se convirtió en un referente en este ámbito a nivel internacional, con una concentración de pequeñas y medianas empresas que trabajaban en proyectos museísticos en todo el territorio y a nivel internacional. El desarrollo del sector patrimonial y de los museos abrió un mercado de trabajo en el que comenzaron a surgir cooperativas, empresas y profesionales autónomos dedicados a la realización de proyectos y producciones para los museos públicos o privados. Esta externalización implicó que algunos proyectos museísticos fueran creados bajo la óptica de la lógica empresarial, más que bajo la lógica local o comunitaria. Todavía hoy, como veremos más adelante, la fuerte externalización es una característica del sistema museístico catalán.

3.2         La profesionalización: de la crisis económica del 2007 a la covid

Los efectos de la reducción presupuestaria posterior a la crisis afectaron, de una u otra manera, la salud financiera de los museos de todo el mundo, en el marco de la crisis financiera y los posteriores recortes públicos (Roigé, 2016b). La drástica disminución del apoyo financiero puso en peligro la existencia de numerosos museos y sus colecciones, y deterioró las condiciones de trabajo de los profesionales: así, el presupuesto de la Generalitat en museos pasó de 50,3 millones de euros en 2008 a 31,3 en 2013, es decir, una pérdida de casi el 38%.  Para el conjunto de las administraciones catalanas, la disminución fue menor, pero aun así significativa: un 22,7% entre 2009 y 2013, de 147 millones entre todas las administraciones catalanas a 114 millones.

La crisis no solo afectó a las estructuras y actividades de los museos desde un punto de vista financiero: también desafió los propios principios teóricos de la museología y el carácter de las políticas públicas (Janes, 2013; Bergeron, 2009). Una encuesta de ICOM España del 2013 ofrecía una buena mirada sobre el impacto de la crisis económica en los museos:  casi la mitad de los museos encuestados señalan que la crisis había implicado importantes recortes en la mayoría de las áreas, obligando a la reducción de sus actividades. De este modo, un 54% de los museos afirmaban que habían reducido o directamente suprimido su línea de publicaciones, el 49% ha reducido sus exposiciones, el 30% redujeron sus actividades para el visitante, y el 40% sus proyectos de investigación. Y, lo que es más grave, el 44% se vieron obligados a reducir su personal. Los efectos respecto al personal fueron de cuatro tipos:

1.            Reducción de personal. La disminución de subvenciones públicas comportó despidos, trabajo a tiempo parcial y, sobre todo, la disminución de sus actividades más costosas (exposiciones temporales, publicaciones, investigación, etc.).

2.            Externalización. En el marco de las políticas de contención presupuestaria y racionalización del gasto público, los museos catalanes vivieron un intenso proceso de externalización de servicios, que se acentuó tras la crisis económica. Así, Suñol (2008) aporta tres ejemplos significativos: el Museo Picasso (20 trabajadores de plantilla y 54 externos), el Museo de Historia de Barcelona (50 y 55) y el MNAC (55 y 90). El objetivo principal fue reducir el capítulo 1 (gastos de personal), trasladando funciones operativas y estratégicas a empresas externas. De este modo, no solo se externalizaron servicios habituales (limpieza, seguridad, tiendas, restauración), sino también centrales del museo, como educación, visitas guiadas, comunicación, exposiciones o atención al público. Este grado de externalización es mucho menos frecuente en otros países europeos y ha tenido consecuencias negativas: el personal propio deja de tratar aspectos fundamentales, mientras que el externo a menudo no participa en la definición de proyectos ni en la construcción de la identidad museística. Además, la rotación de personal dificulta la consolidación de vínculos con el territorio y con los públicos habituales, lo que compromete la función social del museo y perjudica la calidad del servicio. El Plan de Museos de Cataluña 2030 (Departamento de Cultura, 2017) reconoce la necesidad de reforzar los equipos internos y revisar los modelos de gestión externalizada.

3.            Precariedad laboral y falta de expectativas. La externalización ha comportado también condiciones laborales más inestables, sueldos bajos y escasa formación específica. Las empresas contratadas suelen ser las más baratas en sus servicios, lo que reduce horarios y acentúa la precarización del personal. Un estudio de Artimetria (2013) sobre el perfil profesional de los trabajadores de los museos en los años posteriores a la crisis mostraba que en España los más de 1.550 museos y colecciones ocupaban a 14.784 profesionales, de los cuales el 91% en instituciones públicas. El 55% cobraba entre 18.000 euros y 36.000 euros anuales brutos, mientras que en entidades privadas las retribuciones eran más bajas. En cuanto a la satisfacción, el 80% de los directores de museos consideraban que su categoría se correspondía con sus funciones ejercidas, pero este porcentaje descendía en las categorías laborales inferiores: 70% en técnicos superiores, 50% en técnicos y solo el 30% en auxiliares. Y un detalle preocupante: la gran mayoría de los profesionales de museos (80%) no tenía expectativas de mejora ni en responsabilidad ni en retribución. La crisis económica, en opinión de los autores del informe, no generaba optimismo entre la mayoría del colectivo profesional.

4.            Buscar otras fuentes de financiación. La propia encuesta de ICOM-España  señalaba que, debido a la crisis, el 65% de los museos encuestados estaban buscando recursos alternativos. Destacan nuevas vías de patrocinio, especialmente de micromecenazgo, implicación de las asociaciones de amigos, alquiler de espacios, y coproducción de actividades y exposiciones. El auge de la financiación privada introdujo debates entre el modelo de gestión y la función social del museo, como en el caso de la boda hindú en el MNAC,  y se debatieron sobre cuáles son los límites de la financiación privada sin alterar la vocación pública del museo. Considerados durante mucho tiempo como no sujetos a las “fuerzas del mercado”, los museos tuvieron que entrar, cada vez más, en la cultura de marketing y la financiación de la economía (Tobelem, 2010). La crisis comportó cambios en los modelos de gestión y de identidad organizativa, e hizo que la dependencia del turismo como fuente de ingresos se incrementara en el caso de los grandes museos.

Los efectos de la crisis duraron muchos años. Poco a poco, los museos fueron recuperándose financieramente, y desde 2014 los presupuestos públicos en museos fueron incrementándose gradualmente: aun así, en 2018 todavía no se había alcanzado el presupuesto de 2008, con un total de 147,4 millones para el conjunto de las administraciones catalanas.

3.3         De la pandemia a la situación actual (2020-2025)

La crisis provocada por la pandemia volvió a sacudir los museos, que entraron en pánico por la reducción de públicos y de ingresos propios, y muchos se vieron obligados a realizar reducciones temporales de personal (ICOM-IMREC, 2025). Sin embargo, al revés que en la crisis de 2007 no hubo en el caso de Cataluña una disminución significativa de la financiación pública, de manera que el impacto de la pandemia acabó siendo mucho menor de lo previsto mientras los museos estaban cerrados. En 2024 los museos recuperaron el número de visitantes (incluso lo superaron), sus presupuestos y la cantidad de personal. El presupuesto de la Generalitat en museos, por ejemplo, llegó a su máximo en 2024,  si bien las cifras en euros constantes estaban todavía por debajo de los presupuestos anteriores al 2007.

¿Cuál es hoy en día la situación profesional de la museología? Aunque no existen unos datos precisos, podemos indicar algunas de las características principales.

1.            No conocemos exactamente el número de profesionales dedicados a la museología. Únicamente contamos con los datos del Registro de Museos, pero solo incluyen el personal contratado, sin tener en cuenta el personal externalizado ni el que trabaja para empresas culturales, ni tampoco el de los museos no registrados. Según la Junta de Museos (Ulled y Casals, 2024) habría, en 2021, 1.265 personas contratadas en museos registrados, una cifra que es muy baja y probablemente muy alejada de la realidad. En un estudio realizado por ClusterDevelopment en 2014,  se afirmaba que el sector ocupaba entonces 4.288 personas. Sin embargo, resulta difícil hacer un cálculo preciso, porque habría que tener en cuenta el personal propio, los técnicos con contratos en otros sectores (turismo o monumentos), el personal externo, los servicios educativos a tiempo parcial, los equipamientos museísticos no registrados, etc. A pesar de ello, podríamos hacer una estimación de más de cinco mil personas.

2.            La mayoría de los profesionales continúan trabajando en museos públicos, pero los privados tienen medias superiores de trabajadores (Ulled y Casals, 2024).

3.            La mayoría del personal son mujeres: un 62% contra un 38%. En el sector directivo, sin embargo, está prácticamente equilibrado (Ulled y Casals, 2024). Estos datos son muy diferentes en los años ochenta, en los que predominaban los hombres.

4.            El grado de precariedad laboral es importante. Una elevada proporción de los trabajadores está contratado a tiempo parcial: un 21,2% (Ulled y Casals, 2024). Por otra parte, si en las edades superiores la estabilidad es mayor, por el contrario, se observa una gran inestabilidad en los sectores más juveniles, con contratos temporales, programas de becas o contratos a través de empresas temporales.

5.            El perfil académico de los profesionales actuales es alto. Al contrario de la situación que detectábamos hace treinta años, los museólogos y las museólogas tienen un perfil de estudios elevado: un 30% tienen un nivel de máster, posgrado o doctorado, mientras que casi un 60% tienen un nivel de graduado universitario (Ulled y Casals, 2024).

6.            A pesar de los avances, el reconocimiento profesional todavía es débil en muchas convocatorias. Los graduados en museología se enfrentan a dificultades de identificación profesional debido a la falta de reconocimiento normativo y de criterios poco claros en las convocatorias públicas. A menudo, las convocatorias no incluyen la formación museológica específica como requisito, que se limita a un mérito, lo que genera invisibilidad profesional e impide consolidar un perfil profesional específico. Aunque la AMC ha sido muy activa en el seguimiento de convocatorias públicas y ha conseguido incidir en muchas convocatorias públicas, existe todavía mucho camino que recorrer. Esta situación genera frustración entre los graduados, cuya formación especializada no se traduce en ventajas competitivas ni en oportunidades laborales de acuerdo con su perfil.

En definitiva, y en comparación con la década de los noventa, cuando se fundó el AMC, la situación profesional en el ámbito museológico ha evolucionado de manera desigual. El perfil académico de los profesionales ha mejorado sustancialmente, con una mayor presencia de titulaciones universitarias (másteres y doctorados). Sin embargo, el número de profesionales no ha aumentado significativamente y la precariedad laboral persiste, especialmente entre los más jóvenes. La externalización ha crecido notablemente, afectando negativamente tanto a las condiciones laborales como a la calidad de los servicios, ya que el personal subcontratado a menudo no se integra plenamente en las estructuras museísticas. Las funciones más habituales siguen siendo operativas, como la atención al público y la administración, aunque se han incorporado perfiles técnicos en ámbitos como la comunicación y la tecnología, unos ámbitos que solicitan a nuevos profesionales preparados para estas tareas.

3.4         Treinta años de asociación profesional

Alcalde (2005:98) señalaba que “en el momento de plantear cuáles han sido los aspectos que de forma más significativa han incidido profesionalmente en el trabajo en los museos, pensamos que de entrada hay que remarcar que, desde el año 1995, se cuenta en Cataluña con una asociación profesional que agrupa a las personas que trabajan en los museos y que defiende sus intereses”. En este sentido, la evolución de la museología catalana ha estado fuertemente condicionada por la capacidad de organización colectiva de sus profesionales. La consolidación del campo museológico como disciplina profesional no ha sido espontánea, sino resultado de un proceso asociativo que ha permitido estructurar espacios de debate, reivindicación y reflexión. La fundación de la Asociación de Museólogos de Cataluña se inscribe en este marco, y se apoya en iniciativas previas que facilitaron la configuración de un ámbito profesional en un contexto de transformación institucional.

La creación de la AMC no partió de cero, sino que se apoyaba en realidades asociativas anteriores, como han documentado Menéndez y Solé en la historia de la AMC publicada con motivo de sus veinticinco años (2021). La AMC nació a partir de un grupo de museólogos y museólogas que se habían organizado bajo el amparo del Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias de Cataluña, a partir de 1990, y la Asociación de Museólogos de las Comarcas de Girona, fundada en 1989. A pesar de adoptar la forma de una entidad cultural, una de sus funciones principales era la defensa profesional.

La AMC se reconocía heredera de la Asociación de Trabajadores de Museos de Cataluña (ATMC), legalizada en 1983 con carácter sindical y sectorial. Esta, a su vez, se vinculaba a la Asamblea de Museos (1977-1981), una plataforma de debate impulsada en plena transición democrática por trabajadores de museos con el objetivo de definir una política museológica catalana. En 1982, la creación de la ATMC amplió la representación profesional, integrando todo el personal de los museos —conservadores, restauradores, pedagogos, difusores, administrativos y subalternos— con independencia de su vinculación laboral. La ATMC se consolidó como espacio de defensa laboral y promoción de la museología. A pesar de perder protagonismo en los años noventa, como señalan Menéndez y Solé (2021:15), no participando en los debates sobre la nueva Ley de Museos ni en la fundación de la AMC, tuvo una influencia notable en la organización profesional e impulsó las primeras jornadas de museología en 1981.

En paralelo a la actividad de la Asociación de Trabajadores, surgieron iniciativas adaptadas al territorio. En 1989 se creó la Asociación de Museólogos de las Comarcas de Girona (1989-2004), una entidad que favoreció la descentralización del debate museológico, elaborando propuestas para regularizar la figura profesional de los museólogos y participando activamente en la discusión de la Ley de Museos de 1990. También destacó el Grupo de Museólogos del Colegio de Doctores y Licenciados (1990-1995), que aportó una dimensión académica al desarrollo del sector. Sus miembros rechazaban el modelo estatal de conservadores y pretendían vertebrar el colectivo, defenderlo profesionalmente y explorar la creación de un colegio profesional (Menéndez y Solé, 2001:18). Ambas entidades organizaron una jornada sobre el perfil profesional del museólogo, celebrada en 1994 en el Museo Marítimo de Barcelona, que marcó un punto de inflexión en la profesionalización del sector museístico (Alcalde, 2005).

Con la creación de la AMC se generaron debates clave sobre su carácter y el perfil profesional de los museólogos. Según Menéndez y Solé (2001), uno de los puntos centrales fue la definición del modelo asociativo: se debatían dos opciones, una asociación sindical o sectorial, como la antigua ATMC, que integrara a todos los trabajadores de museos —conservadores, técnicos, administrativos y personal subalterno— sin distinción de titulación; o bien una entidad corporativa y profesional, restringida a los técnicos superiores con formación universitaria. Este dilema evidenciaba la tensión entre una visión inclusiva del colectivo museístico y otra más especializada, centrada en la calificación académica. La constitución de la AMC en 1995 en Girona representó un hito en la historia de la museología catalana. El manifiesto fundacional estableció una definición operativa del museólogo que sintetizaba las funciones profesionales en el ámbito institucional y comunitario (Menéndez y Solé, 2001:31-32), una definición que suponía una ruptura con el modelo tradicional de conservador y que se alineaba con modelos internacionales como el francés o el canadiense.

Desde su constitución, el AMC ha sido un agente fundamental de la consolidación de la museología profesional en Cataluña. Ha impulsado la definición de perfiles laborales, la formación especializada y la defensa de los derechos de los profesionales de los museos. Entre sus actuaciones destacan las jornadas técnicas, la revista Mnemòsine, el otorgamiento de premios y la interlocución con instituciones públicas. En un contexto marcado por la externalización, la fragmentación administrativa y la precarización, la AMC ha reivindicado el reconocimiento institucional de las profesiones museísticas. Ha elaborado documentos de posicionamiento y promovió estudios como el Proyecto de definición de perfiles profesionales de los museos (Forasté, López y Menéndez, 2019), que concluye que una definición clara de los perfiles es clave para garantizar calidad, profesionalización y reconocimiento, alertando de que la falta de definición favorece el intrusismo y la infravaloración de la formación, y subrayan la necesidad de incorporar perfiles vinculados a la comunicación y la dirección estratégica.

En conjunto, la contribución de la AMC y de otras organizaciones profesionales ha sido decisiva para la construcción de un marco de profesionalización museológica en Cataluña, favoreciendo la consolidación de una comunidad experta, crítica y comprometida con la función pública del museo. A pesar del papel central de la AMC, otros espacios han contribuido a la cohesión profesional de los profesionales. Las redes temáticas y territoriales se han convertido en plataformas de intercambio y apoyo humano, especialmente para los museos pequeños, donde el trabajo a menudo es solitario o en equipos reducidos. Como recoge la memoria de actividades de la Red Territorial de las Tierras de Lleida y Aran, “el principal efecto de la red es precisamente hacer red. Compartir experiencias y puntos de vista resulta clave”.  Estas redes han tenido un papel relevante en la profesionalización del sector, favoreciendo la cooperación, la consolidación de una identidad compartida y la mejora de las prácticas museísticas. También han permitido coordinar recursos, ofrecer formación continua, garantizar asesoramiento técnico a los museos de proximidad e impulsar la investigación especializada en ámbitos concretos del patrimonio. Su acción ha sido determinante para el fortalecimiento del sector y para consolidar prácticas profesionales, promover la formación continua y reforzar la identidad del colectivo museístico.

4. Treinta años de formación en museología

Si bien existen antecedentes de experiencias en formación en museología, en el caso de Cataluña no podemos hablar de una verdadera preocupación por la formación hasta la década de los ochenta y, especialmente, en los noventa. Durante el franquismo, el acceso se realizaba por oposición sin requerir formación museológica específica, y la formación práctica se adquiriría en el ejercicio profesional o a través de cursos puntuales organizados por la Dirección General de Bellas Artes. A pesar de estas limitaciones, desde los años sesenta algunos museos y universidades comenzaron a ofrecer seminarios y talleres especializados, alineándose con tendencias internacionales (Carrión, 2006). En la década de los setenta, en concreto en el curso académico 1971-72, la Facultad de Letras de la Universidad Autónoma de Barcelona incorporó a sus programas una asignatura titulada Museología, que impartió inicialmente Lluís Monreal y posteriormente Eduard Porta (Alcalde, 2005), y también fueron incluidas asignaturas o temas en la formación en licenciaturas como Geografía e Historia.

Durante la década de los ochenta surgieron las primeras experiencias significativas en formación museológica en Cataluña. El debate se centraba en quién tenía que impartir estos estudios: museos, Generalitat o universidades. El Libro blanco de los museos de Cataluña indicaba la necesidad urgente de estudios en museología y museografía que proporcionaran una base teórica sólida para la práctica museística. Se afirmaba en él que “aunque esta tarea no es fácil [...] poner en común lo que sí tenemos siempre es positivo y a la vez conocer la problemática y experiencias de otras personas siempre invita a reflexionar” (Departamento de Cultura, 1984:31). El Libro fue clave para la creación de programas docentes entre 1983 y 1989, organizados por la Generalitat con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona. Estos cursos tenían como finalidad formar tanto a profesionales en activo como a aspirantes a trabajar en museos, y se convirtieron en un espacio de encuentro para futuros referentes del sector museístico catalán, con la participación de profesorado universitario e invitando a personajes reconocidos de la museología de la época. Paralelamente, asociaciones profesionales y algunos museos organizaron formaciones específicas dirigidas a técnicos y gestores culturales (Carrión, 2006). Por su parte, las universidades no ofrecían todavía programas específicos, pero sí unas pocas asignaturas con contenidos de museología: en concreto, en 1994 se ofrecían solo cinco asignaturas entre todas las universidades catalanas (Barjau et al., 2020).  El debate sobre si la formación museológica se debía hacer en las universidades o en las administraciones competentes en museos fue intenso en los años ochenta (Lorente, 2010). Esta década marcó un punto de inflexión, con la consolidación de la museología como disciplina académica y la diversificación de la oferta formativa en el ámbito universitario (Díaz, 2010).

Pero el verdadero boom formativo en museología se produjo en los años noventa, con una proliferación de cursos universitarios basados en postgrados propios. Su flexibilidad permitía adaptar los planes de estudio anualmente e incorporar profesorado no universitario, lo que favorecía una formación muy profesionalizadora. Las primeras ediciones contaron con frecuencia con profesionales de museos locales, vinculados a una museología innovadora surgida del cambio democrático. Los programas presentaban gran diversidad curricular y de duración, desde cursos breves hasta másteres de dos años. Estos estudios fueron decisivos no solo por su función formativa, sino como espacio de encuentro de una generación de profesionales que ha influido profundamente en la evolución de los museos catalanes.

Es imposible nombrar la multitud de cursos que surgieron. Unos tuvieron un carácter general, como el Máster en Museología y Gestión del Patrimonio Cultural  en la Universidad de Barcelona, fundado por el autor de este artículo junto con Jusèp Boya y Josefina Roma, y que todavía persiste con unas características muy similares (dos años, interdisciplinario, con la participación de profesorado universitario y profesional, con una doble línea profesional y de investigación, y con un fuerte componente práctico incluyendo prácticas formativas obligatorias). Muchas generaciones de profesionales de la museología de Cataluña, del resto de España y del extranjero han pasado por sus aulas en sus más de treinta años de existencia, con una fuerte influencia en Latinoamérica. Otros programas fueron el Postgrado Gestión del Patrimonio Arqueológico (UB, 1990, dirigido por M. Àngels Petit), el Máster de Gestión del Patrimonio Histórico-Arqueológico (UB, 1992, M. Àngels Petit), el Curso de Extensión sobre Conservación Preventiva en Museos (1993, UAB), el Curso de Postgrado en Museografía, Diseño y Condicionamiento (UPC, 1994, Eduardo Folguera), el Máster en Patrimonio y Museología (Universidad de Girona, 1995, Eduard Carbonell), el Diploma de Postgrado: Museos y Educación (UB, 1996, Facultad de Bellas Artes), el Título de Especialización Profesional en Patrimonio Cultural (UdG, 1998, Gabriel Alcalde), el Postgrado de Conservación Preventiva en Patrimonio Cultural (1998, UAB, Neus Moyano, Imma Rodríguez, Miquel Molins y Teresa Blanch), el Postgrado en Museología Científica (UPF, 1999, Jorge Wagensberg), el Máster Arquitectura, Arte y Espacio Efímero: del Espacio Público en el Museo (UPC, 1999, Santiago Roquetas) y el Máster en Museografía Didáctica (UB, 2001, Joan Santacana), por citar algunos ejemplos. Merece ser mencionado especialmente el Máster en Pirineos y Gestión del Patrimonio Cultural (1999-2001, Xavier Roigé), organizado por la UB con la colaboración de los entonces Centros de Capacitación Agraria del Pirineo (Bellestar) y del Pallars, y del Ecomuseo de los Valles de Àneu, que se celebraba en poblaciones del Pirineo. El máster tuvo una repercusión muy grande para los museos pirenaicos, por la participación de la mayoría de los museólogos activos en aquel momento, por su formato intensivo en fines de semana permitió unas sólidas relaciones entre todos aquellos entonces jóvenes profesionales, contribuyendo a ser el germen de la futura Red de Museos del Pirineo. En la mayor parte de los casos, estos programas tuvieron una duración limitada, apareciendo y desapareciendo según la demanda de formación. También cabe mencionar los cursos de Gestión Cultural dirigidos por Lluís Bonet, también en la UB, que ofrecieron una formación más genérica, pero que también tuvieron un notable impacto en la formación de museólogos, sobre todo los que se acabarían dedicando más a la gestión de los museos.

La implementación del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), conocido como Plan de Bolonia, transformó la formación museológica. Desde 2007 se consolidó una oferta académica más homogénea con los másteres popularmente conocidos como “oficiales” (aunque su denominación legal es la de másteres universitarios). Los nuevos másteres universitarios ofrecían homologación y precios públicos, mientras que los títulos propios, a pesar de permitir incorporar profesionales en activo, perdieron presencia por dificultades de homologación, coste elevado y menor consideración. Los másteres universitarios se consolidaron como la opción principal, pero su estructura rígida limitó la participación de profesionales de museos como docentes y alumnos. Al mismo tiempo, han generado una gran cantidad de titulados con alta cualificación técnica que el mercado laboral patrimonial no siempre ha podido absorber.

Sin embargo, el balance es positivo. Lorente (2010) destaca que el Plan de Bolonia ha favorecido la profesionalización del sector museístico, clarificando perfiles laborales como el conservador, el educador de museos, el gestor cultural o el técnico en museografía, y facilitando la movilidad académica y el reconocimiento internacional de los títulos. Según este autor, “la museología ha dejado de ser una actividad ejercida por vocación o por derivación disciplinar, para convertirse en una opción formativa con identidad propia” (Lorente, 2010:73). Además, la incorporación de asignaturas museológicas en grados como Historia del Arte, Arqueología, Humanidades o Antropología ha favorecido las vocaciones del alumnado para la práctica museológica. Paralelamente, la museología universitaria ha impulsado investigación científica, innovación educativa y reflexión crítica sobre el papel de los museos en temas como inclusión, memoria, digitalización y sostenibilidad.

Aunque han existido varios intentos de crear másteres universitarios dedicados al patrimonio en prácticamente todas las universidades catalanas, la mayoría no han tenido continuidad y otros se han ido transformando. De hecho, actualmente el único programa dedicado a la museología de carácter interdisciplinario y generalista es el de la Universidad de Barcelona (Gestión del Patrimonio Cultural y Museología), que como hemos dicho procede de la reconversión de un título propio, y sigue siendo el que tiene una mayor continuidad, además de ser de dos años. Otras universidades ofrecen másteres más especializados (datos del curso 2025/26),  como el de Gestión Turística del Patrimonio Cultural (UAB), Turismo Cultural (UdG), Patrimonio Natural: Valoración y Gestión (UdG), Análisis y Gestión del Patrimonio Artístico (UAB), Humanidades y Patrimonios Digitales (UAB), Bibliotecas y Colecciones Patrimoniales (UB), Tratamiento de Limpieza para Bienes Culturales (UB), y Conservación Preventiva de Bienes Culturales Muebles e Inmuebles (Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Cataluña). También hay que señalar la oferta de contenidos relacionados con el patrimonio en los programas de gestión cultural, en concreto en los másteres en Gestión Cultural (UB), Gestión Cultural (UOC), Gestión Cultural (UIC), Cultura Digital y Medios Emergentes (UPF), Gestión de Proyectos y Cultura del Cambio (UPF), y Producción y Comunicación Cultural (URL). Los estudios universitarios en museología, pues, han tenido una evolución irregular, con apariciones y desapariciones de másteres. Por otro lado, la falta de estabilidad y coordinación entre universidades dificulta la planificación académica y la consolidación de redes profesionales.

Siguen existiendo también algunos títulos propios, si bien en menor medida que en la década anterior. En este caso, dos cursos han tenido una notable incidencia profesional. Por un lado, el Diploma de Postgrado en Dirección Estratégica de Museos y Centros Patrimoniales (UdG e ICRPC, con la colaboración de la AMC, entre el 2016 y el 2021, Imma Lorés) se celebró en Girona, Lleida, Barcelona y finalmente online, planteado como un reciclaje en el que participaron un buen número de profesionales activos de la museología. Por otro lado, el Máster Internacional en Patrimonio Mundial y Proyectos Culturales para el Desarrollo (UB, Universidad de Turín, Centro Internacional de Formación de la OIT y el Centro del Patrimonio Mundial de la Unesco), entre 2013 y 2019 (Xavier Roigé y Lluís Bonet), y que se dirigía a profesionales internacionales, en una edición en castellano en Barcelona y en inglés en Turín.

En síntesis, desde 2007 la museología ha alcanzado una madurez institucional, con una oferta formativa consolidada, una creciente especialización profesional y una apertura hacia la investigación y la innovación. Sin embargo, persisten desafíos que tendrán que abordarse en los próximos años, entre los que cabe destacar los siguientes:

1. Hay que potenciar la formación continua y la actualización competencial, especialmente en ámbitos como la digitalización, sostenibilidad, accesibilidad e inclusión. Museos, la AMC y administraciones públicas organizan cursos, talleres y seminarios que favorecen la adquisición de competencias específicas y la colaboración. Sin embargo, la oferta es dispersa, puntual y carece de un sistema de acreditación formal.

2. Hay que superar las limitaciones académicas. A pesar de los avances en profesionalización, la museología no es reconocida como área de conocimiento específica dentro del sistema universitario español, lo que dificulta la consolidación institucional, la creación de cuerpos docentes, líneas de investigación y programas de doctorado. Lorente (2010) señala que sigue considerada una subdisciplina vinculada a la historia del arte, la antropología, la arqueología o la educación, restringiendo su transversalidad. Esta ausencia contrasta con el reconocimiento en otros países europeos (Desvallées & Mairesse, 2010). Por otra parte, la limitada oferta de programas doctorales especializados impide una investigación autónoma; actualmente, solo la Universidad de Barcelona ofrece un doctorado con orientación específicamente museológica, aunque dentro de un programa más amplio.

3. Hay que incrementar la colaboración entre universidades y museos. Actualmente, la colaboración es puntual y poco estructurada, lo que afecta a la transferencia de conocimiento aplicado y la preparación de los profesionales para los retos del sector. Hooper-Greenhill (2007) destaca la necesidad de integrar la experiencia museística en la formación académica mediante proyectos colaborativos, estancias y simulaciones de gestión. Por otro lado, el modelo de carrera docente universitaria limita la incorporación de profesionales en activo, impidiendo que los programas se nutran de la experiencia directa. Una mayor interrelación —con convenios estables y participación docente de profesionales— permitiría avanzar hacia una formación más aplicada. Lorente (2010) insiste en que la museología universitaria debe superar el aislamiento disciplinario y colaborar activamente con las instituciones museísticas.

4. Hay que mejorar los requisitos de formación en los puestos de trabajo. A pesar de la exigencia legal de personal técnico con formación específica en los museos, la falta de criterios claros en convocatorias públicas dificulta la identificación profesional de los graduados. La formación especializada no siempre se traduce en ventajas laborales. La AMC ha reclamado un marco regulador que reconozca la museología como campo profesional específico, garantizando calidad, resiliencia e innovación. También ha velado para que se solicite formación museológica y experiencia profesional en las convocatorias, pero la indefinición persiste. La nueva Ley de Museos y su despliegue deberían fijar criterios más exigentes de cara a una mejor profesionalización.

También, el principal reto del futuro de la formación consiste en dar respuesta a los nuevos retos profesionales, proporcionando nuevos contenidos y transformando los planes de estudios. Los nuevos museólogos y museólogas deben dominar habilidades en digitalización, accesibilidad, inclusión social y trabajo colaborativo. Un estudio sobre los nuevos perfiles profesionales del patrimonio (CHARTER ALLIANCE)  propone, además, incorporar competencias como el pensamiento crítico, la creatividad y la sensibilidad intercultural, conectando la formación académica con la práctica profesional mediante modelos duales, convenios universidad-museo y estructuras adaptadas al mercado laboral.

Los modelos de estudios que se definieron en los años noventa, e incluso en 2007, se quedan atrás ante la profunda transformación a la que se enfrentarán los profesionales en las próximas décadas. La emergencia de nuevas especializaciones dentro de la museología, como la comunicación digital, la mediación intercultural, el diseño expositivo, la sostenibilidad, el efecto de la IA o la gestión participativa implica la necesidad de una revisión profunda de los contenidos formativos. Hace treinta años los estudios de museología se pusieron en el mapa universitario: hoy, en un contexto de transformaciones aceleradas, hay que repensar totalmente los modelos formativos. No se trata solo de actualizar contenidos, sino de definir un nuevo horizonte educativo que conecte más con la realidad profesional y anticipe los retos del futuro con visión y ambición transformadora.

5. Conclusiones. Los profesionales del futuro

Mirando atrás, en estos treinta años podemos estar satisfechos de los resultados: todo estaba por hacer y los resultados son considerables a nivel de los museos, de los museólogos y de su profesionalización. Existen elementos crónicos que todavía continúan o incluso se han incrementado, como la precariedad laboral, la externalización o la falta de exigencia de la formación específica en los puestos de trabajo. Y han aparecido nuevos desafíos que los asistentes a la Asamblea constitutiva de la AMC no podían ni imaginar. La figura del museólogo ha experimentado —como hemos visto— una transformación profunda en los últimos treinta años, en paralelo a la evolución conceptual del museo. Del perfil del conservador especialista en una disciplina concreta —arte, arqueología, antropología o ciencias naturales—, que centraba su labor en la conservación, catalogación e investigación de las colecciones, se pasó a la figura del gestor cultural para llegar hoy en día, quizás, al museólogo como especialista en comunicación. Los cambios han sido trepidantes.

Ahora mismo, en la Cataluña de los próximos años, tres cuestiones serán decisivas para los profesionales de los museos en Cataluña, especialmente para los más jóvenes. En primer lugar, hace falta una reforma legislativa: la normativa vigente ha quedado obsoleta ante los cambios sociales, tecnológicos y profesionales. El reconocimiento de nuevos formatos museísticos, la regulación de redes territoriales y temáticas, la definición de derechos laborales y la incorporación de nuevas funciones exigen una revisión profunda del marco legal, como ya se hizo hace treinta y cinco años. En segundo lugar, es imprescindible redefinir el estatus profesional, con reconocimiento institucional, estabilidad contractual y acceso a formación continua. Las tendencias actuales, sin embargo, apuntan a una creciente externalización de servicios —educación, comunicación, conservación— que fragmenta funciones, precariza condiciones y dificulta la construcción de una identidad profesional sólida vinculada a los valores públicos del museo. Finalmente, hay que repensar los modelos museísticos: más allá de la gestión, las necesidades administrativas, los límites presupuestarios y los condicionantes políticos, es necesario imaginar los museos del futuro y su función social.

¿Y el futuro? ¿Cómo serán los profesionales del futuro? Resulta muy difícil efectuar pronósticos sobre el futuro de la museología y de sus profesionales. Muchos factores que ahora ni imaginamos pueden aparecer: nuevas crisis económicas, desafíos políticos, innovaciones tecnológicas que ahora ni podemos imaginar, cambios en el pensamiento social... Lo que es cierto es que los museos seguirán existiendo y tendrán un papel fundamental. No sé si terminar este artículo con deseos o con realidades. Creo que los museos y los profesionales de los museos se encuentran en medio de dos placas tectónicas: por un lado, la museología social, que defiende el museo como espacio democrático, como herramienta de bienestar, inclusión y transformación; por otro, las presiones neoliberales que promueven la mercantilización, la privatización, la externalización de servicios, la mercantilización y la función turística de los museos (Roigé, 2016b; Roigé, 2025). La misma definición del ICOM, que tardó bastante años en aprobarse, es un ejemplo de equilibrio y tensiones entre dos visiones antagónicas de la museología. Probablemente, como ahora mismo, el futuro será un equilibrio entre ambas tendencias. En Cataluña, la tradición de museología social es especialmente viva en el ámbito local, pero tendrá que renovar su discurso y sus prácticas para resistir las lógicas de mercado y garantizar su función pública.

Pero existen nuevos desafíos y también oportunidades. A nivel internacional, el auge de los populismos y el control político de las instituciones culturales ponen en riesgo la libertad de expresión de los museos y de sus profesionales. ¿Habrá que establecer mecanismos de protección —como una “libertad de cátedra museológica”— que garanticen la independencia de los contenidos y la integridad profesional? ¿Cómo pueden afectar a los museos catalanes los posibles cambios políticos que se pueden producir a nivel estatal, nacional y local? ¿Cómo resistir a los cambios políticos, al control de la Administración y, sobre todo, cómo defender la independencia de la profesión? Aún existen más desafíos: los profesionales de los museos tendrán que ser capaces de interpelar a una sociedad cada vez más diversa, multicultural y digitalizada. Esto implica repensar los discursos, los formatos y las metodologías para conectar con nuevos públicos, especialmente los jóvenes. Habrá que salir de los museos y no esperar que los públicos vengan (haciendo “museos fuera muros” en espacios públicos, en aeropuertos, en estaciones, en hospitales, en centros educativos, en espacios virtuales), y los museos tendrán que ser lugares llenos de vida, de actividades muy diferentes de las funciones tradicionales (espacios de bienestar, refugios digitales, lugares para bailar, para escuchar música...). En Cataluña, la diversidad lingüística y cultural es un reto y una oportunidad para los museos, que deben desarrollar estrategias inclusivas y participativas para mantener su relevancia social. Y todavía otro desafío imperceptible. Los museos tendrán que convivir (¿o competir?) con nuevas formas de presentación del patrimonio: museos inmersivos, exposiciones comerciales, museos digitales, museos privados con vocación de negocio, o franquicias globales, que proporcionarán nuevos puestos de trabajo con exigencias formativas diferentes. Esta competencia exige repensar (y reivindicar) la función del museo como institución pública, arraigada y crítica. Pero obliga, también, a pensar en unos profesionales muy diferentes.

Cómo imaginar los museos del futuro es el tema de la Conferencia de la ICOM de este año, que se está celebrando precisamente mientras escribo estas líneas. La paradoja es que el futuro de los museos se imagine en Dubai en torno a un Museum of Future que no sé si es el modelo de museo que queremos. Aquí, en Cataluña, los próximos años serán decisivos. Una generación de profesionales de la museología que impulsó el cambio museológico de los noventa está llegando al final de su período profesional. Espera una generación joven, mejor preparada en museología, pero menos experimentada y con nuevos desafíos. El legado que recibirán estos jóvenes profesionales será infinitamente superior al legado que se recibió hace treinta años, pero a ellos les corresponde imaginar el futuro de los museos y de la profesión.

Notas


(1)

Agradezco a la AMC y en especial a su presidente, Joan Vicens, el encargo de este artículo, que ha permitido reflexionar sobre diferentes aspectos de la evolución de la museología en nuestro país. La reflexión es, en cierto modo, la memoria de una generación que llevó a cabo una auténtica revolución en la museología, una generación que también es la mía. Coinciden la celebración de los treinta años de la AMC con los treinta años del Máster en Gestión del Patrimonio Cultural y Museología, en la UB, que creamos en 1994 y que tuve el placer de dirigir durante muchos años. Este artículo, a pesar de ser más largo de lo habitual de esta revista, deja muchas cosas en el tintero. Sirvan estas páginas, pues, como una primera aproximación y sobre todo no como una mirada nostálgica al pasado, sino como una reflexión sobre el futuro de la museología que las nuevas generaciones tendrán que llevar a cabo.

(1)

Agradezco a la AMC y en especial a su presidente, Joan Vicens, el encargo de este artículo, que ha permitido reflexionar sobre diferentes aspectos de la evolución de la museología en nuestro país. La reflexión es, en cierto modo, la memoria de una generación que llevó a cabo una auténtica revolución en la museología, una generación que también es la mía. Coinciden la celebración de los treinta años de la AMC con los treinta años del Máster en Gestión del Patrimonio Cultural y Museología, en la UB, que creamos en 1994 y que tuve el placer de dirigir durante muchos años. Este artículo, a pesar de ser más largo de lo habitual de esta revista, deja muchas cosas en el tintero. Sirvan estas páginas, pues, como una primera aproximación y sobre todo no como una mirada nostálgica al pasado, sino como una reflexión sobre el futuro de la museología que las nuevas generaciones tendrán que llevar a cabo.

(3)

IDESCAT: Gastos públicos en cultura. https://www.idescat.cat/indicadors/?id=aec&n=15773&t=200900 (Consulta: 9/11/2025).

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IDESCAT: Gastos públicos en cultura. https://www.idescat.cat/indicadors/?id=aec&n=15773&t=200900 (Consulta: 9/11/2025).

(2)

Ley 17/1990, de 2 de noviembre, de museos. DOG, 1367. https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-1990-28240.

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Ley 17/1990, de 2 de noviembre, de museos. DOG, 1367. https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-1990-28240.

(4)

IDESCAT, op. cit.

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IDESCAT, op. cit.

(5)

ICOM-ESPAÑA, 2013 Encuesta sobre el Día Internacional de los Museos 2013. http://www.icom-ce.org/recursos/DIM/2013/Informe%20ICOM%20Esp%20DIM%202013.pdf (Fecha de consulta: 8/10/2015).

(5)

ICOM-ESPAÑA, 2013 Encuesta sobre el Día Internacional de los Museos 2013. http://www.icom-ce.org/recursos/DIM/2013/Informe%20ICOM%20Esp%20DIM%202013.pdf (Fecha de consulta: 8/10/2015).

(6)

ICOM-ESPAÑA, 2013, op. cit.

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ICOM-ESPAÑA, 2013, op. cit.

(7)

“La boda índia: polèmica, oxigen als museus i un quadre”, Ara, 10/12/2013. https://www.ara.cat/societat/polemica-museus-quadre-apassionat-barcelona_1_2920695.html (Consulta: 9/11/2025).

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“La boda índia: polèmica, oxigen als museus i un quadre”, Ara, 10/12/2013. https://www.ara.cat/societat/polemica-museus-quadre-apassionat-barcelona_1_2920695.html (Consulta: 9/11/2025).

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IDESCAT, op. cit.

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IDESCAT, op. cit.

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IDESCAT, op. cit.

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IDESCAT, op. cit.

(10)

Pla de Museus de Catalunya 2015-2025. Document de treball. https://govern.cat/govern/docs/2015/07/30/14/56/1f69953c-5921-460c-a50f-7ed6f505fb87.pdf (Consulta: 11/11/2025).

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Pla de Museus de Catalunya 2015-2025. Document de treball. https://govern.cat/govern/docs/2015/07/30/14/56/1f69953c-5921-460c-a50f-7ed6f505fb87.pdf (Consulta: 11/11/2025).

(11)

Xarxa de Museus del Pirineu. https://www.xarxamuseuspirineu.cat (Consulta: 11/11/2025).

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Xarxa de Museus del Pirineu. https://www.xarxamuseuspirineu.cat (Consulta: 11/11/2025).

(12)

En concreto: Introducción a la Museología (UdG, Gabriel Alcalde), Introducción a la Museología (UAB, Neus Moyano), Patrimonio (UAB, Neus Moyano), Conservación de Bienes Culturales (UB, José Fernández Arenas), Museografía (UdL, Imma Lorés).

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En concreto: Introducción a la Museología (UdG, Gabriel Alcalde), Introducción a la Museología (UAB, Neus Moyano), Patrimonio (UAB, Neus Moyano), Conservación de Bienes Culturales (UB, José Fernández Arenas), Museografía (UdL, Imma Lorés).

(13)

Comenzó como curso de postgrado, organizado por la Universidad de Barcelona y el Instituto Catalán de Antropología, el curso 1994/95, con la denominación Museología y Gestión del Patrimonio Etnológico y Cultural. El curso siguiente se transformó en un máster, con la denominación que sería vigente hasta el 2007 de Museología y Gestión del Patrimonio Cultural. Actualmente su denominación es Gestión del Patrimonio Cultural y Museología.

(13)

Comenzó como curso de postgrado, organizado por la Universidad de Barcelona y el Instituto Catalán de Antropología, el curso 1994/95, con la denominación Museología y Gestión del Patrimonio Etnológico y Cultural. El curso siguiente se transformó en un máster, con la denominación que sería vigente hasta el 2007 de Museología y Gestión del Patrimonio Cultural. Actualmente su denominación es Gestión del Patrimonio Cultural y Museología.

(14)

Datos extraídos de la AQU, Agencia de Calidad, donde se indican los programas verificados actualmente vigentes https://estudis.aqu.cat (Consulta: 9/11/2025).

(14)

Datos extraídos de la AQU, Agencia de Calidad, donde se indican los programas verificados actualmente vigentes https://estudis.aqu.cat (Consulta: 9/11/2025).

(15)

CHARTER ALLIANCE (2024). A new model for profiling a future-proof Heritage practice. https://charter-alliance.eu/ (Consulta: 9/11/2025).

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CHARTER ALLIANCE (2024). A new model for profiling a future-proof Heritage practice. https://charter-alliance.eu/ (Consulta: 9/11/2025).

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