“El cine y la televisión nos han mostrado, miles de veces, la perversión de las sociedades esclavistas de otros, y concretamente nos resulta muy familiar la historia de la esclavitud, el abolicionismo, la guerra civil o la segregación racial en Estados Unidos. Una película de éxito reciente, Django Unchained (Django desencadenado, en versión española), de Quentin Tarantino, nos mostró la parte más cruda de esta práctica.
Sin embargo, ¿cuántos de nosotros hacemos el esfuerzo por cambiar el paisaje del sur de Estados Unidos por el de Cuba o Puerto Rico? ¿Cuántos de nosotros hacemos el ejercicio de poner la imagen de nuestros antepasados en el lugar de los malos de la película? Por poner solo un ejemplo, unir en un párrafo Cuba y Cataluña acabará sacando a la luz palabras como indiano, habanera, comercio, emigración o rumba y la alegría y la simpatía de las personas negras de esta isla, pero pocas veces se nos ocurren términos tan comunes en la Cuba española de los siglos XVIII y XIX como látigo, grilletes, ejecución, violación, trato de personas o esclavitud. El día a día de nuestros antepasados en el mundo colonial está tan lejos que ni siquiera lo recordamos. De hecho, hay incluso quienes cuestionan la existencia de un hecho colonial español. Naturalmente, siempre y cuando no seas negro ni formes parte de la comunidad de personas de sangre mezclada, por lo general mezclada a la fuerza”.
Estas son algunas de las reflexiones recogidas en un artículo reciente publicado en la revista Argo(1) con el objetivo de explicar las claves del proyecto La infamia. La participación catalana en la esclavitud colonial y para dibujar nuestra voluntad para provocar un cambio de conciencia y autoconocimiento, como sociedad y como país, un reto que no es nada fácil. El grueso de la población no lee artículos científicos sobre esclavitud o explotación colonial, ni asiste a foros y congresos, e incluso las personas más informadas y cultas han construido o han heredado un imaginario que hay que deconstruir. La exposición La infamia pretende ser una herramienta útil en este proceso.
Un debate internacional y también localQue el pasado colonial español (y, como tal, también catalán) sea bien conocido por los historiadores e historiadores, pero que apenas forme parte de la cultura popular más allá de los tópicos —incluso de los más perversos—, dice poco sobre nosotros como sociedad. Olvido involuntario o ignorancia, no existe un término positivo para nuestra actitud ante el pasado. Junto con la Academia y los medios de comunicación más generalistas, creemos que los museos catalanes tienen mucho que decir.
Cualquier libro clásico sobre la historia moderna y contemporánea de España nos hablará del algodón y la industria textil, el azúcar, de la construcción de ferrocarriles y de grandes operaciones urbanísticas, el comercio ultramarino y la emigración. Y seguro que tendrán unas líneas para recordar la figura de los indianos, esos hombres dotados de maravillosas habilidades que les permitían hacer increíbles fortunas solo con su trabajo, o con el comercio de productos que caían de los árboles o que se producían gracias a la colaboración de los amables nativos. Solo las ediciones de las dos últimas décadas incorporan una mirada crítica más descarnada, que se vuelve más oscura y precisa a medida que avanza la investigación en curso.
Uno de los temas más debatidos es el reconocimiento del papel que desempeñó la trata, y especialmente la explotación, de personas esclavizadas en la acumulación de las grandes capitales que permitieron la revolución industrial, el desarrollo urbanístico de las grandes ciudades europeas y, en definitiva, el esplendor de las potencias de nuestro continente. La trata y la explotación son fenómenos que no pueden ocultar los grandes avances de la sociedad occidental en la lucha por la igualdad social o de los derechos de las clases trabajadoras. Pero la historia es lo que es: en el mismo lugar y momento en que se desarrolla el movimiento obrero, encontramos sectores de la sociedad que no solo se oponen a los avances sociales, sino que también defienden instituciones como la esclavitud sin ningún pudor. En la otra cara de la moneda, no podemos creer en la imagen de sociedades africanas pacíficas e igualitarias, que reflejen el mito del “buen salvaje”, solo corrompidas por culpa de hombres blancos perversos. Como siempre, la verdad está en el medio.
Desde el punto de vista de las sociedades africanas, de los afrodescendientes o de las víctimas del racismo, lo que importa es la herencia de todo, y también preocupa la curación de las heridas que todavía siguen abiertas. El primer paso es explicar que Gran Bretaña, Francia o Portugal, por nombrar los países más cercanos, construyeron sus imperios con violencia extrema, dominación y explotación, y con una explotación intensiva de la economía esclavista. España también.
Entre todos los fenómenos, instituciones y sistemas que han construido la historia de la humanidad, uno de los más llamativos (en todos los sentidos que tiene esta palabra en español) es el de la trata transatlántica de personas esclavizadas entre los siglos XVI y XIX. Esta historia, larga y bien documentada, sigue siendo tabú en España y Portugal. Y nos guste o no, Cataluña desempeñó un papel fundamental en proporción a su importancia en la economía española y en la aventura colonial, especialmente desde mediados del siglo XVIII. Resulta sorprendente que nuestra sociedad, la catalana, que en general ha sido capaz de ejercer una enorme capacidad de autocrítica, que es abierta y creativa, y que ha estado en la vanguardia en muchos campos y movimientos, tenga una asignatura pendiente aquí. Un sentimiento de culpa mal entendido, de responsabilidad colectiva y de pudor provinciano hace que el tema del pasado esclavista sea poco y mal explicado.
Este tema, la esclavitud y la explotación colonial, abordado desde diversas perspectivas, busca identificar las implicaciones económicas y sociales de los acontecimientos. A través de diferentes formas de expresión como exposiciones, congresos científicos o creaciones artísticas, la sociedad debe reflexionar y revisar críticamente el pasado que nos encadena, para comprender mejor las consecuencias que nos afectan en la actualidad. En Cataluña, el movimiento comenzó, sobre todo, en el mundo de la investigación y la enseñanza, y continuó con conferencias y congresos, y recientemente tuvo un impulso notable con la encomiable campaña del grupo de la revista Sàpiens, con un número especial del mensual y con la emisión de un documental en horario de máxima audiencia en TV3.
En todo el mundo encontramos museos marítimos que han tomado la iniciativa. Dado el carácter marítimo del “pasaje”, el vínculo con el comercio colonial o la represión de la trata, parece claro que son una tipología de museos en una posición perfecta para abordar este asunto con una visión global. Por ello, y siguiendo el hilo de los principales países europeos que están revisando su pasado colonial y su papel en la trata de personas esclavizadas, el Museo Marítimo de Barcelona puso en marcha el proyecto La infamia. La participación catalana en la esclavitud colonial. Es nuestra primera contribución a un debate abierto hace años, con España y Portugal en la cola del proceso de memoria. En el caso español, agravado por otro debate más complejo sobre la existencia o no de un imperio colonial, un hecho tan evidente como negado desde algunas posiciones que creíamos muertas desde hace mucho tiempo.
Una exposición necesariaEsta era una asignatura pendiente para el museo y para la sociedad; era necesario realizar esta exposición, la hemos hecho y estamos orgullosos de ello como equipo. Si queremos considerarnos uno de los mejores museos marítimos del mundo, como creemos sinceramente que podemos presentarnos, teníamos que dar el paso, a pesar de los riesgos que ello comporta. La catalana es una sociedad que se reconoce bastante bien como víctima (de las guerras civiles, de las represiones políticas o de la explotación económica) pero que se ignora a la hora de reconocerse como verdugo, represora o explotadora. La imagen que nos hemos creado y que algunas personas defienden a la muerte no puede soportar ninguna crítica. La exposición quiere presentar la participación catalana en la trata de personas esclavizadas desde una perspectiva abierta y sin prejuicios, no para señalar la culpa, sino por el deseo de crecer como personas y como colectivo.
La exposición La infamia aborda la participación de Cataluña en la trata de personas esclavizadas y su rastro en la actualidad, y con su propia existencia señala con el dedo a todos aquellos que aún no han dado el paso. Nuestra aproximación se basa en la posición local, la que mejor conocemos y la que mejor se adapta al entorno de nuestras colecciones, nuestra exposición permanente y también de nuestros proyectos. El esfuerzo por hacer una incursión más amplia desde una visión española se escapaba de nuestras posibilidades y, por lo tanto, nos hemos centrado en lo que nos resulta más cercano y en lo que mejor conocemos. Nadie puede escapar de esta infamia. Cataluña desempeñó un papel destacado en proporción a su valor en la economía española de la época, pero el rastro de la trata y la explotación colonial llega a todos los rincones de España, con espacios más significativos que otros, como Madrid, Cantabria, el País Vasco, Mallorca o Cádiz. Esperamos ver algún día exposiciones como esta en otros territorios.
La trata de personas esclavizadas ha tenido su espacio mínimo dentro del museo en diferentes momentos (desde la exposición Cataluña y ultramar hasta un área pequeña en Cataluña más allá) y su incorporación a nuestros relatos siempre se ha considerado más como una asignatura pendiente que como una realidad. Alrededor del año 2017 un pequeño equipo del museo comenzó a recopilar información sobre el tema: bibliografía, propuesta de exposición, etc. El trabajo iniciado por Inma González e Ismael García fue el punto de partida sobre el que se construyó todo lo que vino después. Todos comprendieron que había llegado el momento de romper un tabú, y que teníamos una misión que cumplir. Lamentablemente, el museo ha sufrido importantes reveses, algunos compartidos con el resto de la sociedad (la pandemia) y otros propios (provisionalidad en la gestión, problemas presupuestarios, etc.). En definitiva, las circunstancias no ayudaron a su desarrollo. A partir de mayo de 2021, con una nueva dirección, pero con un mismo equipo técnico (resiliente y testarudo a partes iguales), volvió a tomar impulso y retomó un proyecto que aún no tenía nombre ni forma, pero que terminó en la exposición La infamia y en todo lo que la acompaña.
Un proyecto marca “Museo Marítimo de Barcelona”La infamia fue un proyecto de todo el equipo del museo. El comisariado recayó en Mireia Mayolas y Olga López. El criterio del museo en los últimos años es asumir el comisariado internamente y sumar profesionales solventes para completar el equipo, pero no para actuar en nombre de la institución o, como suele ocurrir, en contra de la institución. Han estado acompañados por los conservadores y restauradores, por el equipo de exhibición y por el equipo de comunicación. En realidad, todos han participado en él de una forma u otra.
A este equipo del propio museo se han unido profesionales externos de gran nivel. En primer lugar, era necesario garantizar el rigor científico, que fue proporcionado por el doctor Martín Rodrigo, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y uno de los grandes investigadores de nuestro país en torno a la esclavitud colonial. En paralelo, se necesitaba una narración a medida y para la realización del guion se contactó con Antoni Tortajada, periodista vinculado a TV3, con una larga trayectoria como guionista de documentales de carácter histórico y social.
La combinación de una persona de reconocida experiencia en el tema de la exposición y un/una periodista nos ha funcionado muy bien en otras ocasiones. Un buen ejemplo fue la exposición Antoni Benaiges, el maestro que prometió el mar, con un tándem formado por Sergi Bernal —que es quien más ha investigado sobre Benaiges— y Plàcid Garcia-Planas, corresponsal de La Vanguardia, que redactó aunos textos excelentes. Otro caso destacable fue el de Yo de niña siempre iba al muelle, donde la periodista Catalina Gayà trabajó codo a codo con Cristina Caparrós, armadora de la Barceloneta, en una pequeña exposición que reflexionaba sobre la sostenibilidad y el presente y el futuro de la pesca a partir de la comunidad pesquera de la Barceloneta.
Para la realización del proyecto museográfico, al mencionado equipo se unió Ignasi Cristià, un gran escenógrafo con una larga trayectoria en el campo de las exposiciones. Cristià y su equipo han creado un envoltorio de extrema sobriedad, fuerza y belleza. El reverso de la moneda estaba en la producción de la exposición, que había ganado la empresa Mobles Bràfim en un procedimiento de contratación abierta, con quien los problemas se sucedieron uno tras otro hasta provocar que la inauguración se retrasara dos meses.
Por último, pero no por ello menos importante, Sally Fenaux creó una pequeña gran obra de arte audiovisual, que nos invita a cerrar la exposición con un canto a la esperanza y la armonía.
Estructura de la exposición
Tras muchas discusiones entre el equipo del museo, Antoni Tortajada, Martín Rodrigo e Ignasi Cristià, se llegó a un consenso en relación con la estructura de la exposición y los pequeños ámbitos que la forman:
- La vergüenza de la sociedad del ochocentista. El punto inicial de la historia sitúa al público en la inauguración de la Exposición Universal de 1888, en la que Barcelona —convertida en una región económica de primer nivel— se mostraba orgullosa ante el mundo. La escenografía recrea un teatro que podría ser el Liceu, donde la gente acomodada va a mirar y a ser mirada. A través de sus ventanas se pueden ver imágenes de cómo era la ciudad que crecía en el Eixample: el paseo de Gracia, el Arco de Triunfo o el monumento a Colón que acababa de erigirse, la zona del puerto...
- El rastro urbano de los beneficios de los esclavos. Esta primera área ya da pistas sobre la procedencia de los capitales que permitieron levantar todos estos edificios que aún forman parte del paisaje urbano de nuestra ciudad. En el perímetro de la sala aparecen los nombres de algunos catalanes —capitanes y armadores— involucrados en la trata de personas esclavizadas. En el centro, un gran interactivo especifica en qué calles estaban ubicados sus domicilios y cómo habían ganado dinero unos cuarenta prohombres instalados en Barcelona.
- La trata colonial de personas esclavizadas. Detrás de esta ciudad esplendorosa se encuentra África, un segundo ámbito que pone al descubierto el origen de muchas fortunas catalanas. Las imágenes y los objetos se han colocado detrás de dos áreas delimitadas por barras. El techo se ha hecho más bajo para ayudar a crear una sensación de claustrofobia. Nos hemos remontado hasta el año 1821, cuando entró en vigor un acuerdo firmado entre España y el Reino Unido por el que se prohibía la trata de personas esclavizadas. Desde ese momento y hasta la abolición de la esclavitud en Cuba, en 1886, las expediciones negreras de comerciantes catalanes se dispararon. En un lado, se habla de las fábricas de catalanes, emplazamientos levantados en la costa africana donde se concentraban las personas secuestradas antes de subir al barco. También se puede ver una colección de grilletes, tobilleras y cruces de Katanga de varios metales que los europeos utilizaban para adquirir a las personas esclavizadas a los gobernantes africanos. En el otro lado, se dan a conocer varios barcos destinados a la trata de esclavos y se exhiben tres exvotos que relatan la persecución de embarcaciones negreras catalanas por parte de vapores de la armada inglesa.
- Los ingenios. El gran negocio de los españoles en Cuba. La exposición efectúa otro salto de continente para ubicarnos en Cuba, donde eran conducidas las personas secuestradas en África. Este ámbito está presidido por la gran maqueta de un ingenio, término que designa las haciendas coloniales, en su mayoría de propiedad española o de descendientes de españoles, donde se molía y procesaba la caña para producir azúcar y aguardiente, que funcionaban con mano de obra esclavizada. Otros objetos que se pueden encontrar son cartas náuticas navegadas, que permiten ver el comercio triangular, y grabados tanto de ingenios como de vistas de puertos de Cuba o grilletes.
- ¿Y qué pensaba la gente de todo esto? El siguiente espacio de la muestra contiene obras que retratan la posición de la gente de Cataluña a finales del siglo XIX sobre la esclavitud: esclavistas y abolicionistas en confrontación, hasta que en 1886 el gobierno español abolió la esclavitud en sus colonias.
- El racismo que ha permanecido. El último ámbito está destinado a reflexionar sobre lo que pervive de ese hecho histórico y señala el racismo que se ha mantenido y cómo se ha transmitido a partir de la reproducción de una imagen caricaturizada e, incluso, ridiculizada de las personas negras a través de revistas infantiles —de Tintín a Patufet— o productos a base de cacao, como los Conguitos, el ColaCao, chocolates, etc. Un gran cuadro de Antonio López y una fotografía al lado de cuando retiraron su estatua de Barcelona incitan a reflexionar sobre qué hacer con los monumentos históricos que se encuentran en el espacio público y que hoy nos avergüenzan. Y quizás la obra más destacada sea el audiovisual Una historia de reconciliación, creado por la cineasta guineana Sally Fenaux expresamente para esta exposición. Esta pieza artística profundiza en torno a la capacidad que tenemos las personas de cambiar los relatos.
Esta exposición, o, mejor dicho, este proyecto, no pretende ni autocastigarnos ni pedir perdón, ni llorar, sino que propone actuar. Debemos mirar al pasado, pero no para pedir disculpas en diferido, sino para entender mejor por qué somos como somos, y para preguntarnos si podemos ser mejores. La historia de la trata y la explotación de personas esclavizadas en las colonias europeas, incluidas las colonias españolas en el continente americano, no es un retrato de buenos y malos. Es más bien un retrato coral en el que una sociedad es protagonista activa o cómplice (consciente o no) de un sistema que parecía natural, incuestionable. Las cosas eran como eran y no existía la necesidad de hacerse ninguna pregunta. La gente rica entendía que sus privilegios emanaban de Dios y de su posición social; la gente pobre aceptaba su situación o se rebelaba, pero por lo general aspiraba a ser rica ella misma y no a cambiar la sociedad. Y si la Providencia hubiera querido que la sociedad europea fuera por delante y por encima de otros pueblos de color, más primitivos y, por lo tanto, menos amados por Dios, entonces no hacía falta cuestionar la obra divina.
La tesis que defiende implícitamente el proyecto La infamia es que el sistema esclavista comenzaba con la captura de un ser humano en el golfo de Guinea y terminaba en una taza de chocolate consumida en Barcelona o Valencia. El grado de participación, de conocimiento, de culpabilidad, por así decirlo, fue muy diferente entre quién usaba el látigo y separaba a padres, madres y criaturas en las factorías de la costa africana y quién consumía productos ultramarinos. Era bastante diferente la situación de quien compraba a jóvenes fuertes y sanos para trabajar en su plantación de algodón de quien compraba trapos de algodón. Pero un hilo invisible unía prácticamente a todos los miembros de la sociedad en una red de complicidades. Es cierto que las personas africanas apenas eran visibles en Europa, y cuando estaban presentes lo hacían “naturalmente” como fieles sirvientes, como mulatos exóticos o como personajes singulares en un espectáculo de teatro o circo. Pero en las colonias no existían muchas oportunidades para la ignorancia. Por lo tanto, la trata de personas esclavizadas y su explotación, violencia y la crueldad, eran la obra coral de la sociedad en su conjunto, con diversos grados de responsabilidad y de conciencia, pero era difícil mantenerse al margen de ella.
El MMB es una institución ambiciosa, comprometida y militante. Quiere ser un museo relevante, que utilice la narrativa histórica de nuestro pasado marítimo para hacerse preguntas sobre nuestro presente. Hace tiempo que enterraron conscientemente el mito de la neutralidad y hemos aceptado que, siempre, debemos tomar partido. En este caso, en favor de las víctimas, por un lado, y en honor a los colectivos abolicionistas, silenciados y olvidados ante el peso inmoral de esas personas favorables a la esclavitud y sus beneficios. Por ello, la exposición La infamia pone de relieve, una vez más, el compromiso del Museo Marítimo de Barcelona para abordar cuestiones de memoria histórica y justicia social. Otra exposición sobre el desguace de barcos (Rompiendo barcos, rompiendo vidas), inaugurada al mismo tiempo, ejemplifica esta voluntad, por no citar las exposiciones realizada en el pasado sobre la temática de género (Mujeres de mar, Penélope, el mar es tuyo) o de sexualidad (Sirenas en tránsito, El deseo es tan fluido como el mar). Por lo tanto, hablar sobre la trata de personas esclavizadas y de nuestro pasado colonial es una oportunidad más para hablar sobre el legado, las heridas, los tabúes y la carga que nos impide ser una sociedad más justa e igualitaria.
Si queríamos que La infamia se enmarcara en un proceso global de revisión crítica del pasado colonial y esclavista para comprender y corregir sus secuelas, teníamos que dar un peso específico a una de las herencias de la trata: el racismo. Está lejos de ser el único, pero es uno de los que más envenenan nuestra vida presente y comprometen nuestro futuro. En una época de revisionismo histórico, de hipocresía, e incluso de cobardía, los museos deben ser militantes. Debemos tomar partido.
Una exposición temporal es muy importante, pero especialmente en este caso es la base sobre la que debemos construir un proyecto de divulgación más profundo. Mientras se definía el contenido y el tono de la exposición, el MMB estaba iniciando un proceso de replanteamiento de los discursos y las narrativas de la institución en clave de las miradas que ofrece, y los que creemos que debería ofrecer. En la constatación de que nuestra exposición permanente tiene importantes deficiencias en términos de voces que no se escuchan: las mujeres, las clases populares, otras culturas... y, por supuesto, cualquier discurso no oficial, decidimos que uno de los principales ejes para desarrollar debería dirigirse a trabajar para incorporar la alteridad.
Más allá de la exposición: el programa de actividadesLa exposición es un camino y no un final, incluso puede ser el campamento base de una aventura que construimos con debates y actividades para reflexionar sobre el racismo, el colonialismo, el pasado y, sobre todo, el futuro. Un conjunto de actividades, seminarios y conferencias diseñados para compartir el estado actual del conocimiento sobre el tema, generar debate y reflexionar sobre cómo el fenómeno de la esclavitud ha influido en la sociedad contemporánea a través de la herencia que nos ha dejado.
El proyecto La infamia tiene varias líneas de trabajo.
§ La línea de profundización científica, que dirige el doctor Martín Rodrigo, con quien hemos iniciado las tertulias “¿Qué sabemos de nuestra infamia?”, un paraguas bajo el que se agrupa toda una serie de conferencias, debates y presentaciones —que se va ampliando paulatinamente— que nos permite ahondar en qué fue y qué representó la esclavitud colonial. Están participando destacados profesionales de la investigación, como Lluís Nicolau Parés, antropólogo y profesor de la Universidad Federal de Bahia, Ulrike Schmieder, profesora del departamento de historia de la Leibnitz Universität Hannover, o Gustau Nerín, profesor de la Universidad de Barcelona, especializado en el estudio del colonialismo en África. La investigación que los nuevos estudiantes de doctorado están llevando a cabo sobre el vínculo entre la sociedad catalana y la esclavitud colonial se presentarán en la conferencia “Nuevas investigaciones, nuevas perspectivas y contribuciones en el estudio de la esclavitud colonial hechas desde Cataluña”, que se celebrará en la sede del museo el 8 de julio.
Dentro del apartado de actividades científicas también podríamos incluir la reunión celebrada el 29 de enero “África y la revisión de la amnesia forjada: un camino de deconstrucción histórica”, organizada por el Centro de Estudios Africanos e Interculturales, para generar debate y diálogo en torno a cómo el peso de la historia ha generado el racismo contra los negros en nuestra sociedad.
§ La línea en torno a la descolonización, para la que contamos con la participación de entidades y activistas referentes en este tema.
Para abordar la cuestión de cómo se transmite el racismo, el 21 de marzo, Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, el museo acogió la propuesta del Espai Avinyó, “Imágenes infames”. Era un taller pensado para personas que trabajan en temas de interculturalidad, dirigido por Anyely Marín, que tenía como objetivo reflexionar sobre la genealogía de la imagen como un dispositivo para la reproducción algorítmica de imaginarios racistas que se siguen reproduciendo hoy en día a través de las imágenes utilizadas en campañas de comunicación, exposiciones, materiales educativos y de sensibilización en nuestro contexto.
Un sábado al mes, a partir del 26 de abril, el equipo de Ruta de Autor conduce los itinerarios “Barcelona y el infame negocio de la esclavitud”. La ruta comienza en el Museo Marítimo y recorre el tramo que lleva al Pla de Palau: se detiene frente a las residencias de algunos de los traficantes y propietarios de personas esclavizadas que vivían en Barcelona en el siglo XIX y hace referencia a la historia de varios barcos dedicados a la trata de negros que eran de propietarios catalanes.
La jornada anual Museos y Educación que organiza el Área de Educación y Actividades, destinada a los equipos de programas públicos de museos e instituciones culturales, se centrará en profundizar en lo que significa descolonizar los museos y qué papel deben desempeñar en ellos las áreas vinculadas a los programas públicos; qué implicaciones tiene la descolonización, cómo generar relatos más justos e inclusivos, cómo crear espacios de cocreación con las comunidades que históricamente han estado mal —o nada— representadas y cómo desmantelar narrativas impregnadas de racismo. La conferencia se titulará “Instrumentos para la descolonización de los museos”, y está programada para el miércoles 14 de mayo.
La charla ¿Qué sabemos de nuestra infamia? del 12 de junio la coordina Laida Memba —que asesora con frecuencia al MMB en la reflexión sobre la descolonización en el MMB—, se titulará “Respuestas a la infamia”, contará con Alba Valenciano, antropóloga social de la UB, Esther Mayoko, historiadora y antropóloga, y Edmundo Sepa, sociólogo especializado en inmigración y cooperación internacional, y estará vinculada al festival Blackcelona que se celebra los días 25, 26 y 27 de julio en Barcelona.
Moustapha Ady Mbaye Toure ha ayudado al equipo del programa pedagógico a diseñar la actividad “Voces silenciadas. Esclavitud en el siglo XIX, racismo en el siglo XXI”, una visita dinámica que profundiza en el origen y la difusión del racismo, dirigida a alumnos de la ESO.
En estos momentos estamos trabajando con otros activistas en nuevos programas para ampliar la reflexión en torno a la descolonización de nuestra mirada.
§ La línea está destinada a la difusión de la exposición. Además de ofrecer dos visitas guiadas conducidas por el equipo de Re-Crea, accions culturals, se está trabajando en un podcast de seis capítulos que liderará la periodista Samanta Villar —realizado en colaboración con RNE-Ràdio 4—, y que abordará de forma distendida temas como las rutas esclavistas, las condiciones de vida a bordo de los barcos negreros, las factorías de la costa africana de la que partieron las personas esclavizadas, naufragios, capitanes catalanes de barcos negreros...
También se está elaborando una exposición virtual, comisariada por Martín Rodrigo, que ampliará considerablemente los contenidos de la exposición La infamia, y muy pronto tendremos editado un pequeño catálogo que recopila textos e imágenes de los diferentes ámbitos, que estará a la venta en la nueva tienda del museo muy pronto.
El programa de actividades de La infamia no está cerrado. Se amplía continuamente con propuestas, muchas de las cuales están siendo llevadas a cabo por personas y colectivos que investigan sobre la esclavitud, la descolonización de las instituciones o están vinculados al activismo antirracista. Para mantenerse al día, recomendamos ir consultando el apartado Infamia de la web del museo.
El retorno por parte del públicoCuando apostamos por realizar esta exposición, éramos conscientes de lo polémico que es el tema, y esperábamos críticas tanto de quienes podrían pensar que no era apropiado poner el dedo en esta llaga, como de quienes podían considerar que no se abordaba con suficiente valentía o de la forma más adecuada. La crítica es una oportunidad para conocer mejor nuestro entorno, sus expectativas y miedos, y es por esto que al final de la exposición hemos colocado dos libros blancos destinados a recopilar las valoraciones del público, que deben cambiarse cada mes. ¿Y qué dice la gente?
La gran mayoría considera que era necesario abordar el tema de la participación catalana en la trata de personas esclavizadas. Evidentemente, también hay quienes piensan que hacerlo es tirar piedras a la propia azotea, pero no son muchos, quizás porque quienes piensan así ya no acuden a la exposición.
Buena parte de los comentarios felicitan la iniciativa, pero muchos también consideran que es demasiado corta, que es superficial y que carece de contexto. Algunos visitantes exponen que les hubiera gustado que se hablara más sobre qué familias actuales descienden de esclavistas, que mostrase más la crueldad con la que se trataba a las personas esclavizadas, que se abordara el tema cimarronaje, que se explicara la vida cotidiana de los esclavos y esclavas, y que se dieran a conocer los nombres —tanto africanos como los impuestos por sus propietarios—, para profundizar en los casos de los chinos culis que estaban en una situación de semiesclavitud, que diésemos a conocer mejor a quiénes son las personas referentes en Cataluña en la lucha contra el racismo. Y muchos de estos comentarios tienen razón. Hay que decir que la exposición es de dimensiones reducidas —unos 400 m2— y que la prensa, que le ha prestado mucha atención, ha ayudado a generar una gran expectación que, en algunos casos, lleva a la decepción.
Por parte del museo, estamos orgullosos de haber dado este primer paso y consideramos el proyecto La infamia no solo como una exposición, sino como un conjunto de actuaciones para reinterpretar la historia y el patrimonio marítimo catalán con la voluntad de dar respuesta a las inquietudes que plantea la sociedad contemporánea, multicultural y diversa. Para nosotros, la exposición es tan importante como los programas de actividades que giran a su alrededor.
Notas
E. Garcia Domingo, “Blanc, negre i gris. El projecte La infàmia”, Argo, 13, 2a época (verano 2024): 23.
E. Garcia Domingo, “Blanc, negre i gris. El projecte La infàmia”, Argo, 13, 2a época (verano 2024): 23.
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